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La agenda que debe continuar

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Andrés Escobar
05 de septiembre de 2012 - 11:00 p. m.
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El anuncio formal del presidente sobre las negociaciones de paz ha acaparado la atención de todos, como era de esperarse.

Sin embargo, muy rápidamente los colombianos y extranjeros que miran el país volverán a sus tareas cotidianas, así estén pendientes del desarrollo del proceso con las Farc. En el caso del Gobierno, la dinámica será distinta: no obstante que las negociaciones se harán en el exterior, con el fin, según el presidente, de no distraer el día a día del gobierno, es inevitable que muchas horas se dediquen de ahora en adelante a simular escenarios, calcular costos y estudiar implicaciones legales de los temas que se discutan en La Habana o en Oslo.

Por esa razón, el Gobierno entrará en un régimen de marchas forzadas, atendiendo simultáneamente los requerimientos de las negociaciones y los compromisos que ha adquirido el presidente desde el 7 de agosto de 2010 en su Plan de Desarrollo. Para los nuevos ministros, lo que viene no es fácil. La ministra de Transporte tiene un reto enorme con la ejecución de las obras que requiere la locomotora de la infraestructura. Los ministros de Ambiente y Minas tienen entre manos la obligación de cortar el nudo gordiano de las licencias ambientales; todavía no hay claridad sobre la política ambiental frente a los temas mineros y de hidrocarburos, ni hay celeridad en el estudio de licencias ambientales. El ministro de Hacienda tiene una reforma tributaria que presentar al Congreso, necesaria para mantener en curso las finanzas públicas del país, y deberá atender desde ya el nuevo presupuesto bianual de regalías. El ministro de Salud recibe un sector extremadamente complejo, que está haciendo agua en múltiples frentes. Al ministro del Interior, es obvio, lo espera una agenda de trabajo bastante pesada con el Congreso. Finalmente, sin agotar la lista de las carteras del gabinete, Planeación Nacional se está copando con la nueva responsabilidad de implementar el Sistema General de Regalías.

Sin duda, el Gobierno va a jugar un segundo tiempo mucho más agotador que el primero. La opinión pública, sin embargo, no será más comprensiva a la hora de exigir resultados. No tiene por qué serlo.

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