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Cuando el Banco de la República decidió no aumentar su tasa de intervención en diciembre, parecía claro que los temores sobre la economía mundial superaban su preocupación por una economía doméstica caminando más rápido de lo deseado.
De los siete miembros de la Junta Directiva del Emisor, sólo uno votó en diciembre por tasas de interés más elevadas. Sin embargo, tan sólo un mes y medio más tarde, a finales de enero pasado, la misma Junta votó unánimemente por aumentar las tasas de intervención en 25 puntos básicos, en contra de los pedidos, también unánimes, de los gremios de no subirlas para evitar una mayor revaluación del peso.
Si bien entre las juntas de diciembre y enero el Dane publicó un crecimiento económico mayor al esperado para el tercer trimestre de 2011, tiene que haber más detrás del cambio tan radical en la postura mayoritaria del grupo presidido por el Ministro de Hacienda. Ahora les preocupa más la fortaleza de la economía local que la crisis europea, así que obviamente contaron con información adicional. En cuanto a lo externo, la nueva información a disposición del Banco no es diferente a la que tienen los mercados, en particular en lo referente a la decisión del Banco Central Europeo de proveer cantidades sustanciales de liquidez adicional para los bancos del Viejo Continente. En lo que tiene que ver con lo doméstico, probablemente el Banco de la República cuente con información sobre crecimiento en el endeudamiento de los hogares y en los precios de la finca raíz que todavía no es de conocimiento público.
Sólo hasta que se publiquen las minutas de Junta pasada se podrá saber cuál es esa nueva información sobre Colombia, no disponible por ahora para los que vemos al Banco desde afuera, que respaldó el aumento de tasas. Sin embargo, la información sobre la crisis europea, disponible para el público en general, muestra que allá nada de fondo ha cambiado, que Europa sigue siendo una bomba gigantesca con riesgo considerable de explotar y que tal vez habría sido mejor dejar las tasas quietas acá. A pesar de la unanimidad, la Junta debe sentirse entre la espada y la pared.
