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Los olmos no dan peras

“Colombia lo que necesita es más politización, no menos. Una politización de organizaciones y tendencias nuevas”: Andrés Hoyos
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Un gremio como la ANDI es, ante todo, una organización corporativa, es decir, representa a sus afiliados, pero lo hace de manera sólida solo en aquellos aspectos que los llevan a asociarse en primer lugar. La I alguna vez significó “industriales”, después significaba “empresarios” y, en efecto, son personas que en el resto de aspectos de la vida colectiva a lo mejor piensan de manera muy diversa. El contraste con un partido político sólido –de esos que lamentablemente se están extinguiendo o ya no existen en Colombia– es dramático.

En el siglo XX, el país vio surgir gremios diversos, el de agricultura, conformado sobre todo por terratenientes, el de los cafeteros, los bancarios y financieros, el de los industriales que después fueron empresarios en general, el de los cañeros, y no pare de contar. El propósito de cada uno era defender los intereses específicos de sus afiliados, no los de todo el país y sobre todo no con un determinado sesgo político. Este análisis aplica para otras organizaciones gremiales, por el estilo de la USO y Fecode. Sucede que a veces un colectivo de estos tiene alguna convicción estándar general, lo que por supuesto no significa que estén de acuerdo en los demás debates del país.

Cambiemos de país por un instante, y preguntémonos si acaso en Francia, Italia o España las asociaciones de productores de vino, una industria importante en cada uno de ellos, tienen algo que decir sobre las decisiones políticas del presidente o del primer ministro. Nada concreto. En Brasil y Argentina los agricultores son ricos e influyentes, si bien solo les ponen bolas cuando se refieren a sus intereses específicos. ¿Y los del cobre en Chile? Allá el cobre fue nacionalizado.

Todo lo anterior me sirve para afirmar que la lucha que en días pasados libró Bruce Mac Master era en extremo desigual. También la de Carolina Soto, descabezada en la Cámara Colombiana de Infraestructura. ¿Su pecado? Estar casada con alguien que no era de gusto de ADLE. El propio Frank Pearl salió como pepa de guama hace poco. Para un gobierno, debilitar a los gremios o descabezarlos es un propósito más o menos fácil y obvio, sin grandes costos.

O sea que no había modo de que bajo una fuerte presión del ejecutivo el gremio de empresarios no dejara caer a Bruce. Para decirlo de otro modo, los Bruces de este mundo deben adelantar carreras políticas en entornos donde no sean tan vulnerables. Está claro que él tiene ambiciones políticas. Lo que pasa es que, como en el comercial de Davivienda, estaba en el lugar equivocado para adelantarlas. Por si acaso, ahora se le abren múltiples vías, pero en todas ellas tendría que depender de organizaciones con espina dorsal, partidos políticos, nuevos o viejos, o movimientos estructurados, a los cuales un presidente no pueda estrujar y descabezar según su placer. ¿A Bruce no le gusta los que hay? Adelante, júntese con personas como Humberto de la Calle o Alejandro Gaviria y funden algo bien estructurado. Por ejemplo, un partido socialdemócrata.

Yo creo incluso que esta encrucijada resultará beneficiosa para el país, sobre todo porque los dirigentes dejarán de pedirle peras al olmo. Es indispensable que la gente se organice para defender posturas políticas claras y concretas. Eso sí, mientras siga la situación actual en la que a duras penas hay gremios sueltos por ahí, la bolita del poder seguirá a la deriva. Dicho de otro modo, Colombia lo que necesita es más politización, no menos. Una politización de organizaciones y tendencias nuevas. ¿Que al comienzo es cuesta arriba? Sí, pero por lo menos la cuesta es por un camino perdurable.

andreshoyos@elmalpensante.com

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