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Cuerpos regados

Andrés Hoyos

29 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

Hay tradiciones difíciles de entender. Por ejemplo, la que hace que los jurados de casi cualquier premio de periodismo latinoamericano, como se acaba de ver en el Gabo de 2026, no premian nada que no esté lleno de escenas con muchos cuerpos muertos regados por el piso. ¿Alguien pudo salvar de la extinción a una guacamaya exótica? Eso no califica porque en el proceso no murió nadie.

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Así como los cadáveres son hoy un requisito casi ineludible para tener posibilidades en un premio, hace un par de décadas lo era esencial era la presencia de muchos pobres en las piezas que concursaban, ojalá lo más miserables posible, diga usted niños abandonados. O sea, ¿una historia de esas que volvieron famosa a Jane Austen y que se centraban en propietarios rurales ricos o al menos no pobres? Bah. Alguna vez se acuñó el término “pornomiseria” para identificar esta tendencia. Claro que con el tiempo hubo reacciones críticas al estereotipo según el cual solo existían los “gamines”, no niños. Por ejemplo, Luis Ospina y Carlos Mayolo hicieron una película llamada Agarrando pueblo (1977), que se fingía documental y parodiaba el género.

Los muertos por supuesto que son importantes, sobre todo cuando provienen de guerras injustas. Mucho he escrito yo sobre Ucrania, un conflicto que no se repetía en Europa desde cuando Adolfo Hilter lanzó sus batallones sobre Polonia, Checoslovaquia y Francia. El Hitler de hoy –y la comparación es completamente apropiada– se llama Vladimir Putin. En contraste con el alemán, al actual émulo de los zares rusos le ha ido mal casi desde el primer día de su invasión y por el camino nos dio a conocer a unos héroes, entre los que se destaca Volodímir Zelenski, pese a ciertas polémicas recientes. Ojo que en Ucrania el dilema principal es el que opone a la dictadura del invasor contra la democracia por la que luchan y mueren la mayoría de los ucranianos, no los miles de muertos.

Hay actividades cruciales en cualquier sociedad que no incluyen cuerpos regados por el piso. Hablo, verbigracia, de la literatura, de la música, del arte plástico, de la arquitectura. Sería raro ver en una galería un bulto sospechoso a la entrada, cubierto por una sábana blanca. ¿Quizás una instalación? En fin, nadie llama a la policía así que no se trata de un muerto de carne y hueso. Las aspiraciones de cualquier sociedad pasan por otros temas, además de las masacres. Sospecho que esto lo entienden los jurados, si bien a la hora de otorgar un premio la mala conciencia repica y tienen que escoger la denuncia más sangrienta posible. Así se pierden de destacar muchas cosas valiosas.

No quiero decir –desde luego que no– que no abunden los muertos en Colombia. Bien por el contrario, las estadísticas de masacres son absolutamente claras. Y vaya que había –y todavía hay– muchos pobres en un país tan desigual como este. Solo que también hay guacamayas, y hay burgueses más o menos pudientes a quienes les acontecen cosas dignas de ser contadas, hay clases medias en las que no es corriente llevar un revólver al cinto. De hecho, entre la gente que me rodea ni siquiera son comunes los salvoconductos.

La pobreza ha disminuido aunque está muy lejos de desaparecer. ¿Por qué entonces dejó de ser obligatoria para los periodistas? Y vaya que en estos países desde hace mucho las extremas derecha e izquierda y los gobiernos dejan cuerpos regados, de suerte que el sesgo tendría que haberse impuesto antes. En fin, escriba o filme usted sobre lo que quiera, amigo periodista. Tarde o temprano los jurados se enterarán de que eso tiene valor.

andreshoyos@elmalpensante.com

como se acaba de ver en el Gabo 2026, no premian nada que no esté lleno de escenas con muchos muertos

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