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BAJO LA CRISIS ECONÓMICA ACTUAL hay elementos ocultos de los que poco se habla. Se da por sentado, por ejemplo, que el motor de cualquier economía es el crecimiento perpetuo y que si éste disminuye, los efectos para la gente son devastadores, como se ha visto en estos días. Sin embargo, un grupo de aguafiestas ha propuesto que el modelo basado en el crecimiento perpetuo, sobre todo del consumo, es insostenible.
Consideremos una paradoja muy actual: las tres grandes turbinas del mundo, Estados Unidos, Europa y Japón, andan en recesión, o sea medio apagadas, algo que hace mucho no sucede; por su parte, China crece menos. Pese a ello, los precios de los commodities todavía están muy por encima de sus mínimos históricos recientes. Esto significa que, aún con las turbinas semiapagadas, ciertas materias primas siguen siendo escasas y que una vez las turbinas vuelvan a encenderse, los precios subirán mucho. No sólo escasea el petróleo, sino la pesca, el agua, algunos granos y varios minerales. Las fechas de las producciones mundiales máximas de los recursos no renovables llegarán a ritmos variables, pero a menos que se cambie el modelo del crecimiento perpetuo, de todos modos llegarán. Escaseces como éstas fatalmente obstaculizarán el crecimiento futuro, conduciendo a un claro círculo vicioso.
Piden, por lo tanto, los aguafiestas, cambiar el modelo del crecimiento perpetuo por otro de economía sostenible. Argumentan que el modelo actual no asume como costo el agotamiento de los recursos no renovables ni el daño ambiental, en lo que tienen razón, y por ahí derecho construyen ideales más o menos felices sobre lo que tiene que venir. El panorama resulta muy bonito en el papel, hasta que tratan de explicar de qué manera funciona el nuevo modelo que pretende prescindir de la potencia creciente de las turbinas económicas. Como no pueden, se ponen a fantasear.
Surge aquí una nueva paradoja. El crecimiento y la globalización, según el premio Nobel Amartya Sen, sí benefician a los pobres del mundo, sólo que no lo suficiente. Uno puede reformular esta afirmación diciendo que el modelo de crecimiento perpetuo, como forma de ayudar a los pobres, es ineficaz. Se sabe, además, que el crecimiento económico discrimina entre la población: la persona educada se beneficia con facilidad, mientras que los que han ido quedando mal equipados por el camino no sólo no se benefician, sino que sufren. Un ejemplo nada más: si mañana los ingenios azucareros colombianos quieren aumentar su productividad en serio, tendrán que utilizar máquinas cosechadoras, lo que dejará sin trabajo a los corteros.
¿Existe, entonces, una alternativa clara al modelo del crecimiento perpetuo? Confieso que antes que contestar a semejante pregunta prefiero saltar del barco, pues no tengo ni idea de si las alternativas propuestas funcionan o no, en particular para los países pobres. Quizá los países ricos sí podrían prescindir del crecimiento como manera de beneficiar a sus poblaciones porque ya son ricos, pero los países pobres no pueden darse semejante lujo. ¿Están condenados una vez más a intentar modelos que funcionaban en el pasado y ahora no funcionan?
Cedo el espinoso tema a los economistas. Ya lo dije una vez: no son tiempos felices para esta venerable profesión. El mundo les está pidiendo la cuadratura del círculo.
Ver sobre el tema: http://www.storyofstuff.com
andreshoyos@elmalpensante.com
