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El fútbol, un deporte mestizo

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Andrés Hoyos
08 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Basta ver una foto de las selecciones campeonas del mundo, la de Inglaterra en 1966 o la de Alemania en 1974, para saber que el mestizaje en el fútbol es relativamente reciente, por lo menos en esos países. Sí, antes el fútbol americano y el básquetbol tuvieron jugadores afro, dadas las necesidades de corpulencia y estatura de estos deportes, más comunes entre las personas negras del mundo.

No paso por alto que la gran selección de Brasil 1970, capitaneada por el famoso rey Pelé, negro muy caracterizado él, al igual que varios de sus compañeros –Jairzinho, Edu y Carlos Alberto–, era mestiza entre las dos europeas mencionadas. En ese país el deporte del balompié fue popular entre las clases menos favorecidas antes que en el resto del mundo. En Colombia recordamos a Delio “Maravilla” Gamboa, nacido en Cali, a Marino Klinger, nacido en Buenaventura, y a Efraín “El Caimán” Sánchez, nacido en Barranquilla, como precursores de la negritud en el fútbol. Hubo alguno menos famoso antes, para no hablar de los que abundaron después, por ejemplo el tumaqueño Willington Ortiz.

No supongo que haya que aclarar que la mayor parte de la piel oscura del mundo es aporte de las etnias africanas, base de primera, segunda y tercera generación de varios futbolistas hoy célebres en el mundo. Muchos, claro, son en realidad mestizos, no negros puros, un poco a la manera de Obama. Sospecho que casi cualquier lector puede hacer la lista de los jugadores de ancestros en gran parte africanos que hoy juegan y que incluye a los franceses Dembélé y Mbappé, entre cientos de jugadores más. ¿Nacidos en Europa o en la propia África? Ese detalle, según las normas vigentes, hoy da más o menos lo mismo.

Claro que para un muchacho de familia desfavorecida en casi cualquier país la diferencia entre ganarse la vida durante décadas llevando y trayendo paquetes por un salario mínimo o tener ingresos buenos y hasta volverse millonario depende de ser bueno para jugar al fútbol y hacer carrera en este u otros deportes populares. De ahí que casi todo talento natural termine estimulado por la vida.

No creo estar descubriendo el agua tibia si digo que la senda del mestizaje, ya muy avanzada en los deportes, es la misma que seguirá el resto de las actividades humanas. La mezcla racial es hoy la norma en casi todas partes, tras dos o tres siglos de racismo abierto o encubierto que no solo no fomentaba, sino que a veces prohibía el matrimonio interracial. Ello no significa, por supuesto, que los caras pálidas –yo lo soy, sin que me haya hecho un análisis genético– vayamos a desaparecer del panorama. Tampoco desaparecerá el género masculino, que ha venido cediendo terreno a las mujeres y al resto de sexualidades hoy corrientes en el mundo, tras procesos de sexismo abierto o encubierto, contemporáneos a los descritos para los deportes. Yo diría que la tendencia bienvenida es, pues también se ceden las responsabilidades correspondientes por los resultados. O sea que el mestizaje que empezó en los deportes se va a volver la regla, como tenía que ser. Tal vez algunas actividades se demoren más en evolucionar, lo que es normal. Estas cosas no se deben forzar, al menos en mi opinión. Hay que dejar que la gente se acomode a las nuevas realidades del mundo. Es lo mejor.

andreshoyos@elmalpensante.com

P.S: El camino que se abre con el nombramiento de una dama sectaria como Viviane Morales en el Ministerio de Educación no es el correcto.

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