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Europa todavía podría despertar

Andrés Hoyos

15 de mayo de 2024 - 12:05 a. m.

Europa es un monstruo mitológico de cuatro cabezas o más. Para despertarlo, se requiere que al menos ocho ojos estén abiertos. Hasta febrero de 2022, con frecuencia la mitad dormían plácidamente, pero las crisis tienen el efecto de acelerar las cosas de un momento para otro, como sucedió en Ucrania. El mundo hoy es muy otro que hace cinco o diez años: más turbio, más peligroso, mucho menos predecible.

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“Tenemos que prepararnos para protegernos a nosotros mismos”, dice en una larga entrevista que dio a The Economist Emmanuel Macron, el más decidido de los actuales jefes de Estado del continente. Para él, “Europa es mortal”, y vaya que el continente en efecto podría “morir”, o sea, volverse un apéndice de alguien. Las amenazas hoy provienen de un viejo enemigo de las democracias y del capitalismo europeos: Vladimir Putin, el zar renacido de Rusia. De Putin se espera cualquier sabotaje. Ahora bien, está muy claro que ante una amenaza por el estilo de esta no se puede simplemente reaccionar en forma tardía. Hay que tomar con rapidez iniciativas de peso, como también dice Macron. China es crucial y tal parece que quiere una participación mayor en el conflicto, con la idea de que se acabe pronto. Los líderes europeos tienen dudas al respecto.

Un acuerdo continental se está perfilando, según el cual no se puede permitir que Rusia gane la guerra en Ucrania, aunque lo que eso significa varía mucho de un país al otro. Por supuesto que la población combatiente ucraniana y los recursos del país son finitos, bastante menores que los de Rusia. Ergo, necesitan mucha ayuda. Sin embargo, no todos los europeos quieren aportar lo mismo ni están dispuestos a asumir los mismos riesgos, lo que dificulta mucho la coordinación de los esfuerzos.

A estas alturas está muy claro que el dilema es primero que todo militar: Zelensky y su equipo necesitan soldados entrenados —y Macron ha dicho que no se puede excluir que algunos de ellos provengan de los países europeos—, pero las necesidades de equipos sofisticados y abundantes son todavía más apremiantes. A Rusia hay que darle donde le duele. ¿Dónde le duele? En Crimea, en la retaguardia en Ucrania y por supuesto detrás de sus propias fronteras, desde donde lanza los ataques.

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A partir de este verano la Fuerza Aérea Ucraniana tendrá aviones potentes, del tipo F-16, pero es clave armarlos con misiles de mayor alcance y potencia que los actuales. Resulta muy raro que los alemanes no quieran ver a su célebre misil Taurus en acción allí. Un poco en el sentido contrario, Boris Pistorius, el popular ministro de Defensa alemán, ha estado muy activo a la hora de ayudar. Prometió, por ejemplo, financiar la compra y entrega de tres sistemas HIMARS a Ucrania. En contraste, el canciller Olaf Scholz ha sido mucho más tímido.

Hasta hoy no se ha podido disponer de los bienes retenidos a Rusia por valor de US$300.000 millones, vaya uno a saber por qué legalismos absurdos. El dinero se requiere para la reconstrucción del país invadido. A mediano y largo plazo tendremos una mesa muy chueca, con tres patas principales: Estados Unidos, China y Europa, y una cuarta, la hoy agresiva Rusia de Putin, muy debilitada. El aumento del poderío militar europeo es un componente decisivo en esta guerra de Ucrania. Si no se avanza rápido en esa dirección, habrá tropiezos, incluso muy serios. Tal parece que las inversiones necesarias sí se están haciendo. Por fortuna.

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andreshoyos@elmalpensante.com

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