3 Feb 2010 - 1:57 a. m.

Fatiga del modelo

LA IDEA ABSURDA DE ARMAR UNA red de estudiantes informantes para resolver el grave y angustiante problema de los altos índices de violencia en Medellín es, aparte de antidemocrática, el síntoma y no la enfermedad.

Ésta consiste en la dramática fatiga del modelo de manejo uribista del Estado, empezando por el programa bandera del Presidente: la Seguridad Democrática. La seguridad dejó de mejorar hace tiempo, debido a que su salud depende de un taburete de tres patas: la propiamente militar y de policía, la de la inversión en servicios públicos útiles y la del empleo, de las cuales las últimas dos están carcomidas por la burocracia y la incompetencia.

Dos ingleses, ambos oxfordianos, podrían ayudarnos a entender las razones de la creciente inseguridad. Tanto el historiador Malcom Deas como el economista Paul Collier han señalado en distintos contextos que la persistencia o la recurrencia de la violencia tienen mucho que ver con la explosiva mezcla de hormonas masculinas y juventud, sumadas al hecho lamentable de que estos jóvenes alborotados no tengan nada que hacer. No por otra razón ha habido semejante explosión de violencia en la vecina Venezuela, donde el Gobierno compra a la gente con dádivas petroleras al tiempo que destruye las fuentes de empleo productivo. Entre nosotros pasa algo semejante, si bien la escala es menor.

Para dar trabajo a la amplia gama de colombianos que quedaron pobremente formados tras decenios de mediocridad del sistema educativo era necesario, por ejemplo, construir grandes proyectos de infraestructura, indispensables no sólo por lo que aportan a la competitividad del país, sino por su capacidad de emplear masivamente mano de obra poco calificada. Sin embargo, el ministro de la camándula y el carriel se ha tomado siete largos años de vacaciones improductivas en un puesto tan crucial como el suyo. Mucho menos sirven para generar empleo los grandes descuentos fiscales que se entregan a quienes invierten en tecnología y en maquinaria moderna, fenómenos ambos famosos por su capacidad de destruir empleos no calificados. De ahí que el desempleo, que había bajado un poco durante el primer cuatrienio de Uribe, haya vuelto a subir.

¿Y cómo podía generarse empleo en el campo, donde los paramilitares y la guerrilla reclutan campesinos, entre ellos a muchos niños —práctica nazi que al bárbaro de Jorge Enrique Botero le parece una forma de filantropía—, si colosales extensiones de tierra siguen en las manos improductivas de paramilitares, testaferros y mafiosos? Uribe en ese tema ha sido finquero y ganadero antes que Presidente de Colombia.

En términos más generales, la verdadera enfermedad es esta última: que tenemos un Presidente que cada vez actúa más como el jefe rupestre de un círculo palaciego y cada vez menos como un Presidente que piensa en el bienestar general de los colombianos. ¿Tiene la menor presentación que toda la energía del gobierno se gaste en embutirnos a las malas un adefesio de referendo en vez de hacer lo que les pagamos por hacer, es decir, solucionar los graves problemas del país?

Necesitamos aire fresco y lo necesitamos este 7 de agosto.

 

andreshoyos@elmalpensante.com

 

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