Este 31 de mayo, el candidato de derecha Abelardo de la Espriella ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas por 673.138 votos, según el último conteo, que equivalen a un 2,84 % de ventaja sobre Iván Cepeda. ¿Entonces por qué hay amenaza de caos? Pues porque el presidente actual del país, Gustavo Petro, quien hace cuatro años obtuvo en su favor un resultado parecido al del domingo –resultado que en ese momento no impugnó– dice que no reconoce los resultados y es apoyado de manera servil y genuflexa por Cepeda. ¿Qué indicios de fraude masivo han mostrado los impugnadores? Ninguno de valor, como no sean las discrepancias mínimas que siempre surgen y siempre se resuelven. ¿Qué pasa entonces? Pues que la segunda vuelta luce muy cuesta arriba para Cepeda y Petro, por lo que tal vez intenten desconocer los resultados o hasta evitar la realización de las elecciones, es decir, sumir al país en un caos de consecuencias impredecibles.
El ganador del domingo, De la Espriella, ha reaccionado a las denuncias de Petro con bastante virulencia. Como quien dice que no se va a quedar sentado esperando lo que viene. Todavía no se vislumbran amenazas de violencia, aunque vaya uno a saber qué pasa de aquí al 21 de junio, fecha de la segunda y definitiva vuelta. De más está decir que los del resto del país tampoco podemos esperar sentados y que se deben activar todos los mecanismos de defensa que nos ofrecen las instituciones. Habrá que acudir a las cortes, a los jueces, a las autoridades electorales y demás, con la esperanza de que por el camino no se intente involucrar a la Policía y al Ejército en el desaguisado, perspectiva hoy poco probable.
¿Qué es lo procedente? Pues que el presidente Petro y el candidato Cepeda presenten ante las autoridades competentes las pruebas de lo que afirman. Una vez surtido este proceso de denuncia, las autoridades deben fallar según las reglas existentes. Nada más, pero tampoco nada menos. De todos modos, las campañas deben seguir su curso, así sea en el ambiente crispado de hoy, y los electores deben tomar sus decisiones de cara a la segunda vuelta. Porque para evitar el caos no hay alternativa a la celebración de las elecciones. Votaremos otra vez el 21 de junio, se volverán a contar los resultados con rapidez una vez cierren las urnas a las 4 p.m., y todo el mundo estará pendiente. Esperemos que el resultado no sea demasiado ajustado porque los semi-empates suelen generar conflictos. En fin, las páginas de apuestas, Polymarket y Kalshi, las mismas que vaticinaron la inesperada debacle de Paloma Valencia del domingo, dan a De la Espriella como amplio ganador de la segunda vuelta.
En paralelo a la actitud agresiva de Petro/Cepeda y la reacción también virulenta de De la Espriella, se están moviendo los candidatos minoritarios en un sentido u otro. Por ahora, De la Espriella ha recibido el apoyo de Paloma Valencia, lo que tal vez signifique que por ahí dos tercios de los 1,6 millones de votos que ella obtuvo vayan para De la Espriella; otra parte de repente se volverá voto en blanco y una minoría podría migrar a Cepeda, sin que al menos yo entienda la razón. El millón largo de votos que obtuvo Sergio Fajardo no se sabe qué rumbo tomará, pese a que la decisión del candidato en un sentido u otro no luce definitiva. Tampoco está claro hacia dónde irá Claudia Lopez, cuyos votos son apenas poco más de 200 mil. ¿Y los cuatrocientos mil votos que obtuvo el señor Blanco? Sospecho que se mantendrán en blanco y quizás hasta crezcan de forma significativa.
Nota del editor: esta columna fue recibida antes de que Iván Cepeda reconociera que no hay evidencias de fraude electoral.