Ciertos días agarro el control de la televisión y pronto lo vuelvo a poner en su sitio, sin encender el aparato para ver los noticieros internacionales, como era mi costumbre. ¿Por qué? Porque la actualidad se ha puesto cada vez más pesada.
A medio mundo de aquí, la tierra que al menos dos religiones consideraban santa hace milenios se ha convertido en un pantano de sangre y lo seguirá siendo por décadas. Lo que soy yo, no participo en el tire y afloje mediático, pues allá son malos los dos lados del conflicto, tanto el Estado de Israel, con su desprecio sanguinario de décadas por los palestinos, como los grupos radicales que...
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