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Los lectores saben que yo vivo pendiente de los asuntos de Ucrania, de suerte que en las últimas semanas me cayeron encima toneladas de información sobre el gran zafarrancho que ocurrió. Primero se vio la salida de Mijailo Fédorov del ministerio de Defensa, tras apenas siete meses en el cargo. Esta salida causó una conmoción tan tremenda, que Zelenski acaba de nombrarlo en un alto puesto de seguridad nacional en el consejo de defensa. El aparente ganador de la trifulca, el veterano Oleksandr Syrskyi, ahora parece estar de salida, a pesar de su larga y también polémica trayectoria. La cuestión de su renuncia luce inevitable, asunto de días. Su carrera comenzó en Moscú desde los tiempos de la URSS.
Habrá que seguir atentos a los acontecimientos porque vienen nuevas sorpresas. La gente, sobre todo la que está lejos de los campos de batalla, se ha radicalizado muy rápido sobre las disputas del gabinete. Se sabe que Fédorov es muy polémico y ha propuesto muchos cambios, aún no ensayados. Dicen que Fédorov es pulcro y Syrsky corrupto, sin que haya pruebas de esto último. Una cosa sí está clara: Zelenski acaba de crear en Fédorov un rival electoral de peso. Bien, eso significa que habrá una sana competencia democrática más adelante. Por ahora, la popularidad de Zelenski sigue siendo la más alta en el país, tanto que algunos comentaristas internacionales aseguran que todavía es el favorito en la carrera. Sin embargo, una cosa es Ucrania y otra Zelenski. Pese a que el actual presidente quiere seguir en el puesto, ahora no hay más remedio que pensar, además, en una alternativa para 2027 ó 2028, cuando él podría salir de la baraja, un poco al estilo del muy mencionado Winston Churchill.
Sea como sea, la carrera por la sucesión en Ucrania empezó y en ella Fédorov arranca con cierta ventaja. Dados sus 35 años, es joven y eso le ayuda. En tiempos recientes hubo nutridas protestas en su favor, según lo cual su popularidad debe darse por descontada. Otra candidata es Yulia Timoshenko, primera ministra en dos ocasiones. Asimismo se menciona a Dmytro Razumkov, entre otros. En contraste, varios se han quemado, no solo Syrsky. Por ejemplo Andrey Yermak, quien fue durante varios años mano derecha de Zelenski, tuvo que salir del gobierno en 2025 por acusaciones serias de corrupción. Pero más importante que las personas es la necesidad de seguir con éxito en la lucha contra Rusia. Al respecto, dice Fédorov: “Si queremos derrotar al enemigo de manera asimétrica, debemos cambiar antes que él averigüe cómo adaptarse”. La joya de la corona en el actual conflicto es Crimea.
Más adelante, tal vez Zelenski pueda intentar la reelección. No sé qué dice al respecto la Constitución del martirizado país. También debe quedar claro que las amenazas de cárcel en su contra proferidas por algunos lugareños son absurdas e impensables. O sea, don Volidímir lleva casi cinco años arriesgando la vida a diario contra la ira de un genocida por el estilo de Putin y ahora hay quien lo quiera castigar. Ni hablar.
En febrero de 2022, antes de la invasión a Ucrania, Rusia y Putin mantenían amplias zonas de influencia en el mundo y eran percibidos por muchos como un contrapeso a Occidente. Todo eso se ha venido borrando. ¡Putin debe convertirse en el gran perdedor del siglo XXI! Desde aquí tan lejos es difícil entender lo que hay de fondo en la situación, por lo menos mientras no pasen más cosas. A seguir pendientes.
Ps: Felicitaciones a la selección española por su merecido triunfo en el Mundial de Fútbol.
