21 Apr 2021 - 3:00 a. m.

Las lecciones del tabaco

Andrés Hoyos

Andrés Hoyos

Columnista

No hay tal que la legalización de una sustancia peligrosa condene a la humanidad a una pandemia de su abuso. El ejemplo más claro es el tabaco, que contiene una droga muy adictiva, además de letal, la nicotina, pese a lo cual a nadie parece habérsele ocurrido la idea de prohibirlo. Algo semejante pasa, con algunas diferencias, con el alcohol. Ese sí fue prohibido a comienzos del siglo pasado en Estados Unidos, con efectos catastróficos. También está prohibido en los países musulmanes, adonde uno no se iría a vivir. Estas prohibiciones, sobre todo la primera, fueron un desastre, pese a lo cual la deletérea idea siguió rondando por ahí.

Desde su pico por allá en los años 60, el consumo de tabaco per cápita se ha reducido a la tercera parte y hasta menos en la gran mayoría de los países, con variaciones. ¿Cómo se logró semejante maravilla? Cuatro decisiones saltan a la vista: 1) Está prohibida cualquier publicidad que estimule su consumo —algunos recordamos al hombre Marlboro, uno de cuyos actores murió de cáncer de pulmón—. 2) Se adelantan campañas justamente con el propósito contrario de hacerlo poco glamuroso. 3) Está prohibida la venta a menores de edad. 4) Se cobran impuestos altos —un paquete cuesta más de diez dólares en varios estados americanos—, mientras que en países como Colombia el impuesto es ridículamente bajo. El límite obvio es que el precio no genere un mercado negro. Algo semejante pasa con el alcohol. La única diferencia notable es que en ese caso sí se puede permitir un consumo social moderado, mientras que la nicotina es tan adictiva que se recomienda la abstención completa.

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