El ideal es no hablar tanto de política, porque casi todos los lectores se cansan, menos los que no tienen nada mejor que hacer que insultarlo a uno porque piensa distinto. Sin embargo, el panorama es lo suficientemente complicado como para que convenga examinarlo otra vez antes de cambiar de rosa, mariposa.
Echemos un vistazo a las figuras del pasado, entre las que ya está el jubilado Gustavo Petro y miremos también a don Álvaro Uribe. ¿Lo querían bajo tierra? Pues más o menos ahí lo tienen. Dije hace mucho que si el hombre se hubiera ido para su casa, lo podíamos dejar en paz, pero no se fue para ninguna casa y ahora le están cayendo viejos líos encima. En fin, tiene derecho a defenderse y tiene con qué contratar buenos abogados. No creo que termine en la cárcel, además por su edad. Sospecho que las evidencias contra él son exiguas. Eso sí, perdió casi todo su protagonismo.
Carlos Augusto Chacón, director del Instituto de Ciencia Política, no cree que las denuncias sobre el “voto fusil” se puedan tomar con ligereza, como piensan algunos partidarios de Cepeda. Que el “voto fusil” no haya sido tan numeroso no le quita gravedad. No es legítimo que los fusiles coarten ningún voto: punto. Graciosos algunos periodistas. Según ellos, los angelitos de los grupos armados apenas coaccionaron a una minoría de votantes. ¿Y? Nadie dice que las manipulaciones y las amenazas de los grupos armados le alcanzaron a Cepeda para ganar, pues perdió, pero esto no los hace insignificantes.
Aunque abundan por ahí los comentarios entre histéricos y desapacibles, el presunto radicalismo de ADLE no se ha visto por ninguna parte. Igual, seguirá el ruido, pues hacerlo es un derecho universal. Un poco desprogramados y hasta buscando escondederos a peso están varios comentaristas, quienes sobre todo contaban con que Abelardo se desbordara: León Valencia, Ana Cristina Restrepo, Carlos Carrillo, Ana Bejarano, Daniel Coronell, Mafe Carrascal, María Jimena Duzán, Claudia López, Angélica Lozano, y ni se le ocurra parar de contar. Nadie les pide a los que votaron por Cepeda que de la noche a la mañana se vuelvan abelardistas. Se les pide, sí, algo de sindéresis, que den un tiempo de espera hasta ver las políticas concretas que aplique el ganador. Sin embargo, muchos no hacen más que respirar por la herida, hablar de “fascistas” sin ninguna base y decir que viene la hecatombe. Nada más fácil que espigar tal cual extremista de una campaña y sugerir que la campaña como un todo es extremista. Por eso hay que dejar asimismo pasar las reacciones airadas de los ultrapetristas Daniel Mendoza Leal, Nicolas Guillén e Iván Gallo, quienes hablan de traición porque no se procedió a incendiar el país. Bah.
Eso de que Gustavo Petro va a ser el líder de la oposición es una forma de cercenar las alas de los nuevos líderes de izquierda que deberían surgir. O sea, un error encima de los demás errores. Es cierto que el gobierno saliente podría haber sido peor. Basta con echar un vistazo a la vecina Venezuela, hoy no solo en la crisis infligida por el poder sino dolorosamente devastada por dos terremotos, para ver algunos de los caminos no tomados en Colombia.
Por supuesto que lo de ADLE no puede ser volver al pasado, como dicen entre alarmados y esperanzados algunos por ahí. Una parte de lo que se ha hecho y es bueno quedará en los libros del Estado. Otro cantar es que también son indispensables las rectificaciones y los cambios, algunos de ellos drásticos y urgentes.