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Los desatinos del Pájaro Loco

Andrés Hoyos

08 de abril de 2026 - 12:05 a. m.

En 2024, los votantes americanos eligieron presidente a Donald Trump, un megalómano despistado que no las ve venir y así le está yendo. Es una versión renovada del Pájaro Loco, o sea, todo lo contrario de un estadista. Un estadista hace cosas bien planeadas y obtiene consecuencias favorables, así que raramente tiene que echar reversa. El megalómano despistado actúa con el deseo, las cosas le salen al revés, no prevé nada de nada, causa daños inmensos a los intereses de su país. Claro, echa reversa todo el tiempo y acumula un creciente desprestigio. Es penoso ver, por ejemplo, cómo Irán puso patas arriba la economía mundial tan solo amenazando a los grandes buques petroleros en el Estrecho de Ormuz. Y ahora, desde luego, exige compensaciones y privilegios.

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Aunque Trump anuncia todo el rato que los ayatolas van a capitular, la tal “rendición incondicional” de Teherán no asoma la cara por ninguna parte. Se trata tan solo de una frase altisonante e improductiva. La supuesta incidencia del mandamás gringo en la elección del líder supremo es una baladronada parecida. Si Trump y sus aliados de veras quieren abrir el estrecho, muy pronto tendrán que enviar tropas de infantería, con la consecuente ristra de muertos y heridos. Ya van trece militares gringos muertos en la guerra contra Irán y 365 heridos. Estos números subirían después del envío de tropas. Porque claro que la guerra en tierra sería aparatosa y muy costosa en términos de bajas y popularidad. Por lo demás, los soldados americanos tendrían que permanecer en territorio hostil durante meses, bajo evidentes riesgos de ataques terroristas, en los que son especialistas los islamikazes que la zona produce por miles. Dicho de otro modo, de allá no se sale barato.

Por fortuna, en noviembre de este año habrá elecciones de mitaca en Estados Unidos y en ellas le pueden peluquear las alas al Pájaro Loco. Si alguien quiere recibir gratis una elección de cómo NO se debe proceder cuando se tiene mucho poder, obviamente no todo, haría bien en examinar el caso de la política exterior de Trump II en los últimos meses. Venezuela le funcionó de chiripa, así esté muy lejos de concluir la tarea, pero Irán lo llevó al caos. Las encuestas muestran que Trump se acerca al fondo de la aprobación. Esto más o menos asegura que en noviembre el Partido Republicano perderá la mayoría en la Cámara de Representantes y también está muy en peligro su mayoría en el Senado, que en noviembre tan solo renueva un tercio de las curules. Si la pérdida son las dos cámaras, la cojera del pato Donald será todo un espectáculo. Si mantiene al menos un empate en el Senado, le quedará algo de espacio para sus bravuconadas. Lo único seguro, eso sí, es que estas seguirán, con ruido y vanagloria, ambos fenómenos detestables.

Trump ha sido en parte un discípulo de Putin, quien también erró de cabo a rabo en sus previsiones de lo que pasaría en Ucrania una vez llenara al país con sus divisiones militares. Esto cae en una semana o dos, pensó, y ya van cuatro años largos en los que el presunto caído cobra un precio cada día más alto en hombres y material militar al despistado zar ruso. Por si acaso, Ucrania también está destruyendo la industria petrolera y energética del invasor. Volviendo a Trump, algo de prestigio podría recuperar si le ayuda a Zelenski a derrotar al nuevo zar –no es ningún misterio qué tendría que hacer–, pero no, ahí sí no se mete. Vaya uno a saber qué es lo que teme. Ay del Pájaro Loco con sus desatinos.

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andreshoyos@elmalpensante.com

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