En la primera vuelta de las elecciones nacionales el 31 de mayo habrá hasta cuatro jugadores con alguna posibilidad, si bien las casas de apuestas rápidamente están reduciendo este número a dos: Paloma Valencia e Iván Cepeda.
La súbita trepada del dúo Valencia/Oviedo tiene a mucha gente con los pelos de punta, y se han puesto a recordar las salidas de tono de la candidata hace la friolera de once años. Bien, si quieren reducirlo todo al pasado, libres son, y vaya que, por ejemplo, Cepeda tiene un pasado en extremo cuestionable, pero el verdadero tema de las elecciones presidenciales es el futuro, o sea lo que va a pasar de 2026 a 2030.
No hay en el ramillete un candidato que pueda ganar y que le llene a uno las expectativas. A mí Fajardo me ha gustado, él como persona, si bien su campaña ha sido un gran desatino, al punto de que ya casi no aparece en las casas de apuestas. Dirán sus grandes amigos o él mismo que no, que todo puede enderezarse en el par de meses que aún faltan, a lo que yo contestaría que ojalá y que mucha suerte, a pesar de que allá en el fondo es algo muy difícil de creer.
La gente de izquierda o cercana a la izquierda —incluyo a Daniel Coronell y a Ana Bejarano Ricaurte— se está despelucando para desbaratar la candidatura de Paloma Valencia. La quieren culpar hasta de las tropelías de Pablo Escobar, entre ellas el asesinato de Luis Carlos Galán. ¿Importa que Paloma en esa época fuera apenas una niña? No importa, es responsable, y lleva en sus hombros los falsos positivos y los crímenes paramilitares. Con una sonrisa uno se dice que lo que pasa es que están un poco desesperados, pues esa candidatura está trepando mucho. ¿Hasta dónde llegará? Pues bastaría que ganara la 1ª vuelta o quedara de segunda. Después ya dirán los electores si la eligen presidenta en la segunda vuelta. Me late que sus posibilidades son excelentes, aunque seguro en estas materias no hay nada. Se imagina uno lo que siente un candidato que lleva meses, si no años, en campaña cuando las páginas de predicciones y apuestas lo echan a la caneca en par boliones. Ha de ser en extremo doloroso. Igual, la política es así y, por lo general, los ganadores de los puestos ejecutivos son uno solo, mientras el resto pierde.
A estas alturas yo creo que está claro que varios temas que la izquierda puso a circular y resolvió muy mal van a seguir sobre la mesa: la educación superior pública, que quedó más que todo en veremos; la salud, que estará muy bien bajo un régimen mixto con garantías del Estado; las pensiones, que deben ser dignas y para todos los mayores de edad, así hayan vivido toda la vida en la informalidad. Yo insistiría en que se baje el umbral del salario integral, digamos, a dos salarios mínimos, en el entendido de que una medida semejante se puede combinar por un tiempo con aumentos por encima de la inflación y con el otorgamiento de beneficios de desempleo pagados con impuestos generales.
Por último, sospecho que Petro y sus amigos seguirán dando lora después del 7 de agosto. No hay ningún problema con eso, mientras la den por fuera del poder. Por lo demás, me estrujo la cabeza y no veo herederos de peso en el Pacto Histórico. ¿Me ayudan, queridos lectores, citando nombres con un futuro sólido en la izquierda colombiana? Porque por lo visto, ni Roy Barreras, ni Gustavo Bolívar, ni Camilo Romero, ni Daniel Quintero, ni María José Pizarro, ni Carolina Corcho van para ningún Pereira.