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Pasado el entierro

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Andrés Hoyos
24 de junio de 2026 - 05:03 a. m.
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Hay ideologías que están mejor dos metros bajo tierra, no irredentas e insepultas por ahí. Bien, pero una vez enterrado el chavismo colombiano este domingo, con mi voto sumado a los de casi 13 millones más, debo decir que empezó el tiempo de fijarnos en don Abelardo de la Espriella, su equipo de gobierno y las decisiones que ponga sobre la mesa.

Pasada la jornada electoral, no he visto ningún rastro de extremismo en ciernes. El ganador dijo explícitamente que Cepeda podrá hacer oposición, dentro de la Constitución. Solo habrá represión si hay violencia en las calles o incitaciones claras a la violencia. Lo normal. La decisión electoral la tomó una amplia mayoría del pueblo colombiano, pues la participación fue más alta de lo esperado: 63,6 %. El voto en blanco fue escaso, pese a que muchas personalidades lo promovieron. ¿Sus seguidores no los siguieron? Eso parece.

El discurso de Cepeda en la noche de las elecciones fue sectario. O sea que empezó mal su oposición. Ahora viene una desbandada de la izquierda, incluidas las mafias de la salud, las que rodean a Benedetti y los medios de comunicación oficiales. Claro, por ahí hay quienes temen que se dé una reacción desproporcionada de la izquierda, que no deje otro remedio que la represión. Por si acaso, una derrota electoral no autoriza a nadie a quemar buses o arremeter a pedradas contra la policía. Mucho menos se vale la violencia armada en los extramuros, sea cual sea la razón que se invoque para ejercerla.

ADLE, con su pinta algo folclórica, dio un discurso bastante moderado en la noche de su elección. Dijo, por ejemplo, que va a defender a muerte la Constitución de 1991, a despecho de que algunos botafuegos aseguran que él también convocará una Constituyente, algo que no se ve por ninguna parte. Ya veremos en qué consisten los 90 decretos que dizque va a firmar el 7 de agosto. Estos, claro, están sujetos a revisiones potenciales de las cortes en caso de ser muy polémicos, si bien nada de eso es hoy seguro.

Los campos prioritarios están claros. Hay que mejorar el perfil fiscal del Estado colombiano, buscando recursos y recortando gastos innecesarios. Ahí habrá afectados, aunque no se vislumbra ninguna crisis pues es algo casi obligatorio. En materia de seguridad, viene una mano mucho más dura contra los grupos armados. La decisión en la materia fue más del electorado que del nuevo presidente. La crisis de la salud ocasionada por el gobierno saliente también exige acciones fuertes, algo así como el “plan de choque” que mencionan, exigidas por los propios electores con su voto. Por último, habrá necesidad de rectificar la política energética. No solo hay que buscar más hidrocarburos, incluso por la vía del fracking, sino que se perfila la necesidad de ahorro de energía, tanto que podría haber un potencial racionamiento a finales de este año o comienzos del entrante.

En fin, claro que el país está polarizado y que hay gente que uno pensaría ecuánime hablando de fascismo y de paramilitarismo en el nuevo gobierno. ¿Pruebas? No he visto ninguna, de suerte que el campo de acción para ADLE es amplio. Si no hace las burradas propuestas por algunos, a los críticos les tocará servirse una gran ensalada con sus acusaciones. La polarización se resuelve despolarizando. Ojalá el abogado entienda que no hay ninguna razón de retar a sus contradictores, más allá de las obvias obligaciones y necesidades legales que vayan surgiendo. En apretada síntesis, yo soy optimista, un poco a tono con los mercados. Viejo dilema: no se trata de no cometer errores, lo que es imposible, sino de que no sean garrafales y de corregirlos pronto.

andreshoyos@elmalpensante.com

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juan valderrama(5824)Hace 51 minutos
Ahora sí seremos como Venezuela: gobernados por Donald Trump. En cuanto a las afirmaciones: así pues que el discurso de Cepeda fue " sectario" y el de su héroe "bastante moderado". Vaya, vaya, este sí es un burgués moderado, no sectario. El mafioso, gran hombre; el conciliador y que sigue insistiendo en un acuerdo "empezó mal la oposición". Pésimo analista, que ni ese calificativo le cabe.
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