27 Oct 2021 - 5:30 a. m.

Quitas de castigo

Las dictaduras duran, algunas mucho, pero todas acaban algún día. Es más o menos típico que así como tienen épocas de relativa fortuna, sobre todo cuando acceden al poder, les lleguen los días de la ira en los que solo las sostienen algunos mandos militares. Después, hasta que ellos desertan. Las democracias por lo general duran mucho más, entre otras razones porque con la alternación y la división del poder se establecen posibilidades claras de cambio. Una de las carencias irresolubles de las dictaduras es que perpetúan las malas prácticas, los crímenes institucionales y las camarillas en el poder. Conocida y espantosa es la imagen de un dictador montado en un avión lleno de dólares. Menos claridad se tiene de que buena parte de esos dólares hacen parte de la deuda de todo el país.

Porque ido un Ortega o un Maduro, los países quedan, además de hechos flecos, llenos de deudas. El caso del chavismo es paradigmático: empezó con fuerza y apoyo de la población, montó un tinglado que ofrecía beneficios a la gente al tiempo que dejaba robar a sus amigos por camionadas, y tras la destorcida de los precios del petróleo y la mezcla de robo e ineptitud extrema, el país colapsó. El testimonio de Álex Saab ilustrará, con lujo de detalles, este saqueo.

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