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Respuesta a Robledo

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Andrés Hoyos
28 de abril de 2010 - 04:32 a. m.
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EN SU HABITUAL TONO CURIALESCO, el senador Robledo manda una carta a este periódico en la que le pide a algún amigo mío que tenga la caridad de informarme que sus opiniones son inapelables. Pues bien, no lo son y, por caridad, le respondo.

La gasolina en Europa cuesta en promedio el doble de lo que cuesta en Colombia, cortesía de los impuestos. Obviamente a los europeos no los ha iluminado nuestro fogoso senador, pero en caso de que quisiera venderles sus ideas, lo ubicarían de inmediato en la extrema derecha económica antes de devolverlo en el primer avión. En Estados Unidos la gasolina es 23% más barata que aquí, cortesía de la enemistad de los republicanos, y del temor de los demócratas, por los impuestos. Al comparar, salta a la vista que el precio de la gasolina fomenta un tipo de ciudad: suburbana y desparramada en USA, densa y centralizada en Europa. Supongo que ya ha quedado claro que pocas cosas habría más catastróficas para Colombia que seguir copiando el modelo urbano americano.

Le contaba yo una vez a un amigo europeo que la izquierda en Colombia es enemiga de los impuestos. El hombre, tras desternillarse de la risa, alzó las cejas como diciendo: siempre fue que el realismo mágico hizo estragos entre ustedes, ¿no? Porque si la izquierda no tiene la valentía de defender los impuestos, mucho menos los defenderán Sarmiento Angulo o la SAC. Así, un país como Colombia con un costoso conflicto interno, una geografía endiablada y un coeficiente de desigualdad extremo, recoge el 23% del PIB en impuestos, mientras que en Brasil, donde no hay ni Andes ni Farc, la tasa es del 38%. Y me abstengo de mencionar a los países igualitarios de Europa donde oscila entre el 40 y el 50%. De ahí que si el senador Robledo insiste en rebajar el impuesto a la gasolina, tiene la obligación ética de decir cuáles impuestos aumentarían o cuáles programas estatales se cancelarían. ¿Alguien lo ha oído alguna vez ejercer esa obligación ética? Yo no.

La única manera de combatir la desigualdad en un país como Colombia, y de expandir en forma sostenible el mercado interno, es cobrando impuestos y gastándolos bien. Lo demás es cháchara. A la gente como Robledo le encanta exigir gastos y programas, pero siempre se cuida de mojarse en la tarea de financiarlos. Gastar sin recaudar es demagogia y bien puede quebrar a un Estado, como está quebrando a Grecia.

Otra cosa que pone a Robledo rojo de la ira es saber que algún empresario gana dinero. De nuevo, nada que ver con lo que pasa en los países igualitarios de Europa. Allá el Estado quiere que los empresarios ganen mucho porque así pagan muchos impuestos. Y se extrañarán los devotos del senador al saber que en esos países la propiedad pública, privada o mixta de las empresas de servicios públicos importa poco. Depende de las conveniencias. Claro, toda empresa privatizada también paga impuestos altos.

Los hay que tienen ideas y los hay que tienen ideología. Los primeros analizan las cosas, sopesan pros y contras, consultan con sus convicciones y luego llegan a alguna conclusión. Los segundos obligan a cualquier problema a caber a la brava en el estrecho marco de sus prejuicios, usualmente decantado en la remota juventud. Operan en ello como el famoso Procusto de la mitología griega que les cortaba las piernas a quienes no cabían en su lecho.

Insisto, pues, en que la izquierda colombiana está mal de ideólogos.

PS: La estadística que menciona Robledo en su carta está equivocada, según el UPME del Ministerio de Minas: la proporción del consumo de combustibles entre A) buses y camiones y B) automóviles particulares es de 58/42% y no 83/17%  como dice él. Además, el diesel, usado por casi la totalidad del transporte de carga paga menos impuestos que la gasolina, usada sobre todo por los automóviles particulares. Doble falacia, pues.

andreshoyos@elmalpensante.com

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