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Revisionismo destructivo

Andrés Hoyos

21 de enero de 2026 - 12:00 a. m.

¿Al nacer los seres humanos heredamos una deuda casi impagable? Yo esperaría que no, si bien un grupo creciente de intelectuales woke piensan que sí. Sin que ellos se enteren, la doctrina que hoy sostienen es una variación del viejo dogma católico del pecado original. Se recuerdan varias polémicas teológicas al respecto, pero quizá la de mayor significado para el cristianismo primitivo fue la sostenida por San Agustín, obispo de Hipona, contra el monje británico Pelagio por allá entre los siglos IV y V de nuestra era. Este crucial debate, que de haberse resuelto en el sentido contrario hubiera modificado para siempre las ideas vigentes en occidente, fue casi borrado de los anales y apenas se conservan las “refutaciones” de San Agustín. Para Pelagio era injusto castigar a una persona por los pecados de otra y, por ende, en su opinión los niños nacían sin culpa. Nada menos.

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Volviendo al presente, se puede afirmar que a ninguno de los aquí atentos nos preguntaron nuestra opinión nueve meses antes de ser concebidos de forma fortuita. ¿Se hará usted responsable del sexismo, del racismo histórico, de la esclavización de millones de africanos, de las invasiones imperialistas, de las ejecuciones dictatoriales, de las masacres, de los genocidios? Pues no, porque nada de eso dependió de una decisión consciente nuestra ni era entonces modificable. Acepto, sí, que después de contribuir de forma modesta al calentamiento global, a la polución y a otros males planetarios por el hecho de estar vivo, haré mi contribución, ojalá de alguna significación en el sentido contrario, antes de entregar los tenis.

Lee uno que para todos los problemas ambientales –detectados hace pocos años, eso hay que decirlo– hay sobre la mesa soluciones buenas, a veces excelentes. Lo que está por verse es a qué ritmo se pueden implementar. O sea, ¿hay manera de acelerar las soluciones, como por ejemplo se implementó a gran velocidad la protección de la capa de ozono, cuya desaparición amenazaba a cientos de millones de personas con cáncer de piel? Si hablamos del citado calentamiento global, la geoingeniería está hoy en capacidad de ralentizarlo y hasta revertirlo con un costo muy manejable. ¿Por qué las soluciones se mantienen en la mesa de diseño? Por una cosa no siempre bien entendida que es el principio de precaución, según el cual algún daño podría derivarse de las soluciones intentadas. Bien, según eso el mal no es todavía tan catastrófico, pues entonces el daño eventual causado por la geoingeniería sería mucho menor y desde luego asumible.

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En términos más generales, el enfoque indispensable en estas materias es la investigación científica y la aplicación activa de técnicas, derivadas del desarrollo de los desarrollos pertinentes. Aclaremos algo: no, la vieja ilusión del progreso lineal que alguna vez abrigó el pensamiento ilustrado no se verificó, pues unas cosas progresaron y otras retrocedieron. Sin embargo, a pesar de los muchos males que hoy sufre el planeta, en términos generales estamos mejor que hace 50 años, un siglo, dos siglos, 14. Veo las cejas alzadas de los bienpensantes quienes creen que el mundo va camino de la catástrofe. No obstante, la suma y resta de las estadísticas habla de claras mejoras. Según eso, es cháchara perniciosa hablar de la destrucción del planeta y demás tópicos corrientes, que no por repetidos tienen más realidad. Otro cantar es enterarnos de que los que sí nos vamos a acabar mucho antes somos los individuos, pues podemos morir cualquier día, como mueren nuestros conocidos. Por algo hay tantos entierros.

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andreshoyos@elmalpensante.com

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