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Ruido creciente en Rusia

Andrés Hoyos

13 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.

La cara de Vladimir Putin durante el paupérrimo desfile del pasado 9 de mayo en Moscú y su actitud ese día lo dicen todo. Hay que recordar que la fecha es gloriosa para Rusia –implica un ritual patriótico–, pues conmemora la derrota de la Alemania nazi al final de la Segunda Guerra Mundial a manos de los Aliados. Todo mandatario ruso desde 1945 quiere brillar bajo los reflectores ese día. Pues bien, Putin tenía la cara como una uva pasa y en un momento dado fue pillado casi llorando por las cámaras. ¿El mensaje? Que esa podría ser su última celebración del 9 de mayo. El potencial triunfo de Rusia no se ve por ninguna parte y muchos funcionarios del régimen caen de los balcones. Seamos claros, estos efectos son cortesía de Volodímir Zelenski y sus intrépidos compatriotas ucranianos. ¡Slava Ukraini!

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El régimen de don Vladimir está muy asediado. Su principal espina son los incendios, las explosiones de refinerías y las bajas altísimas que les inflige Ucrania, pero ahora se siente un ruido creciente proveniente de la propia Rusia. Más que ruido, son rumores. Sospecha uno que el aspirante a nuevo zar duerme mal. Sus subalternos tienen prohibido usar celulares cerca de él, el acceso a las redes está vigilado y restringido, incluso las personas se le acercan cada vez menos mientras que él hace menos viajes y tiene menos apariciones en público. O sea que está paranoico, tiene mucho miedo, estrés, lo que para un hombre de 73 años puede afectar la salud. ¿Así cómo demonios manda?

La última afrenta fue tener que pedirle a Trump protección de los ataques ucranianos para su celebración. ¡Nada menos! Trump procedió, Zelenski aceptó no enviar drones ni misiles a la Plaza Roja ese día a cambio de la devolución de mil prisioneros, que el muy tramposo mandón ruso se está negando a entregar. No le hace. La campaña ucraniana sigue con cada vez mayor eficacia.

La oposición a la guerra es de casi todo el mundo en Rusia, menos los pocos putinistas pura sangre. Como siempre, es muy difícil arriesgar profecías, si bien uno ve que hasta fines de este año las cosas se pueden poner peliagudas, aunque para febrero de 2027, cuando la “Operación militar especial” cumpla cinco años, la invasión podría ser asunto del pasado. No es seguro, claro, nada lo es por allá.

Así, mientras lo que pase en los próximos meses está en duda, el futuro de mediano plazo no lo está. Rusia dejará de tomar riesgos locos con los países vecinos, al tiempo que Ucrania se volverá una importante potencia militar en Europa central y oriental. Espero que lo sea sobre todo en materia defensiva, es decir, eficaz a la hora de evitar las aventuras de cualquier país de la zona. Por supuesto que, en la medida en que se desmovilizan los ejércitos rusos y ucranianos, habrá no solo menos muertos y heridos sino más jóvenes disponibles para actividades productivas y creativas, por fortuna. Unos contingentes considerables quedarán con funciones militares, en particular en Ucrania. Volverá en pleno la exportación de granos, fertilizantes, minerales valiosos y demás, con la ventaja de que también aumentará la exportación de productos terminados.

Aparte de Putin, quien sin duda va para el basurero de la historia –metafísico si no físico–, el otro gran perdedor será Trump, cuyo ocaso bien puede comenzar con las elecciones de mitaca que se celebran este noviembre. Muy útil por otro lado que haya un cambio de guardia en alguna medida en Estados Unidos. Ya basta con los desmelenados experimentos de los últimos tiempos.

andreshoyos@elmalpensante.com

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