Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Sapos bis

Andrés Hoyos

19 de mayo de 2015 - 11:14 p. m.

MUCHOS FRANCESES CONSIDERAN las ancas de rana una delicia. En Colombia nos invitan a comer sapos, unos batracios menos apetitosos; y no solo las ancas, sino los bichos enteros.

PUBLICIDAD

El año pasado publiqué aquí una columna de tema análogo, llamada “Sapos”. Este es, por lo tanto, un bis. Espero no tener que escribir el doble bis, aunque nunca se sabe.
 
La legión de orondos sesentones que representan a las Farc en La Habana ha detenido, para efectos prácticos, el progreso de la negociación. No, claro que ellos no quieren aceptar que su lucha de medio siglo causó millares de víctimas inocentes y recurrió a toda suerte de métodos prohibidos por del DIH y por el derecho de guerra. Incluso, al desplazar a los nukak de su hábitat natural pueden ser culpables de genocidio. Tragarse esos sapos y aceptar alguna forma de pena los haría quedar “mal” con sus tropas y sus milicianos. Pobrecitos.
 
El proceso de paz se planteó con la idea de negociar al tiempo que se debilitaba a las Farc en lo militar, lo que debía inducirlas a la prisa y a la flexibilidad. Esa estrategia crucial ha funcionado a medias: las Farc sí están más débiles militarmente, pero flexibilidad hubo al principio, ahora no, y la prisa no asoma por ninguna parte.
 
Los representantes del gobierno han hecho las ofertas limitadas que están en capacidad de hacer, las cuales distan mucho de satisfacer la irreal agenda de las Farc. El presidente Santos tiene cada vez menos apoyo como consecuencia del estancamiento del proceso y de sus accidentes y parece indeciso a la hora de jugar las cartas arriesgadas que forzarían el desenlace. Hace unas semanas prometió poner un plazo a la negociación y desde entonces calla, postergando el cumplimiento de su promesa. ¿El que calla otorga y, si sí otorga, qué otorga? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que el riesgo es creciente, pues por todas partes los enemigos de la paz buscan la forma de darle un golpe de gracia a la negociación. Y andan maquinando.
 
Si los sapos siguen croando por mucho tiempo más, vendrán uno o dos incidentes como el del Cauca, y el proceso será herido de muerte. La agonía sería breve, dolorosa y estridente, y después vendría lo inevitable. En ese momento el ruido de los sapos sería sobrepujado por el estruendo de los bombardeos, los morteros, las granadas y los helicópteros. Por lo que uno sabe, el Estado lleva todas las de ganar en ese tiroteo; lo que es menos seguro es que los colombianos salgamos victoriosos del mismo. Eliminada la vieja estructura de mando de las Farc, surgirían decenas de Farcrim. El próximo presidente sería, no nada más alguien de extrema derecha, dígase Óscar Iván Zuluaga o el hoy procurador Ordóñez, sino que recibiría un mandato para ralentizar el cambio social en el país. Pasaríamos años en un limbo regresivo. La absurda guerra contra las drogas se eternizaría y la guerra contra la pobreza se estancaría.
 
He sido a todo lo largo un partidario decidido del proceso de paz, pero soy fatalista y no puedo no ver lo maltrecho que luce. Por lo que se intuye, las negociaciones no deberán pasar de 2016, o sea, de pasado mañana. Lo peor es que las voces de la sindéresis suenan cada vez más en el vacío. Y uno a veces sospecha que los pesimistas tienen razón, porque depender de la sensatez de Iván Márquez, Pablo Catatumbo y compañía es casi con seguridad una locura.
 
 
andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes
 
PS: Óscar Collazos era un tipo brillante, divertido y generoso. Hará mucha falta.

Read more!
Read more!
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.