Los legos en estas materias solíamos pensar que el narcotráfico tenía unas reglas especiales, lo que era cierto hasta cierto punto, pues la cocaína ha sido en extremo rentable desde los tiempos en que Pablo Escobar proponía pagar la deuda externa del país. Sin embargo, las leyes de la economía también operan en el mundo ilegal, por supuesto que sí, y hoy algunas crónicas escritas en áreas cocaleras de nuestro país cuentan de una crisis de precios sin precedentes. De mantenerse esta realidad, sería de muy lejos la principal noticia sobre el tema de la última década. Uno intuía que algo así podía pasar, lo que no se sabía era cuándo.
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Para estimar las consecuencias potenciales del asunto, basta con hacer lo que un buen amigo llama la “matemática de coquito”. Si el narcotráfico pesa el 2% del PIB del país (no entiendo de dónde sale la cifra del 4,5% que algunos proponen), eso suma 6.500 millones de dólares, lo que a $4.600 pesos/dólar suma alrededor de 30 billones de pesos. ¿Qué pasa si, como dicen, los precios y por lo tanto el negocio se reducen a la cuarta parte, unas por otras? Pues que el dinero para repartir en toda la cadena colombiana se reduce a 7,5 billones. Por lo demás, cualquier persona experta nos explicará que un bajón de ese tamaño en cualquier negocio sencillamente lo destruye. O para decirlo de otro modo, los precios bajos son de muy lejos la más eficiente política de erradicación posible.
En efecto, “hace un tiempo, el kilo de coca y de pasta de coca se pagaba en 2 millones y medio. Hoy en día, hay zonas del país en las que no pagan más de 400 mil pesos por el mismo kilo. Eso, cuando lo compran”, dice María F. Fitzgerald, Cambio Colombia. ¿Qué demonios está pasando? Lo primero es que ha subido mucho la productividad de los cultivos. Súmese a eso que la no erradicación aumenta mucho la producción. Como hoy son más de 200.000 las hectáreas de coca en el país, los inventarios crecen a pasos gigantes. Sandra Bermúdez, directora de la Corporación Viso Mutop, asegura que… “hay sobreproducción de hoja en los tres países andinos con producción histórica conocida: Colombia, Perú y Bolivia. Perú es el país que más creció en los últimos años, con un incremento aproximado del 90 por ciento de las áreas con coca. Adicionalmente, ahora mismo también se está produciendo coca en Venezuela, Ecuador y Honduras”. De cualquier modo, en zonas como Nariño y Cauca, los precios de la hoja de coca y de la pasta de coca están por el suelo. En Catatumbo, la sobreproducción ha llevado a que los campesinos casi tengan que regalarla.
La acumulación de inventarios es muy problemática para los narcos, pues mantener guardado un producto ilegal, por el que cualquiera puede ir a la cárcel, no es un chiste. Eso implica, sobre todo, detener las compras hasta que no se venda lo ya almacenado. En principio, esta crisis de precios podría ser buena para Colombia, ya que el tránsito a otras economías mafiosas (la minería ilegal, y el aprovechamiento para la trata de personas) implica sobre todo una reducción de los montos.
La cocaína no va a desaparecer del mundo, claro que no, pero eso a los colombianos nos tiene sin cuidado. Nos importa que desaparezca, o al menos deje de ser rentable, sobre todo para los cultivadores colombianos. Me dirán que mi posición es cruel, y lo siento mucho, pero la vida en la legalidad es más que posible.