El mundo pasa por una encrucijada compleja en materia de gobiernos. Dos puestos cruciales están ocupados por personas a las que les aplica la frase del título, son piltrafas humanas. Hablo de los mandatarios de Estados Unidos y Rusia.
El primero de ellos, Donald Trump, no solo ocupa el puesto con mayor poder en el planeta, sino que lo ocupa por segunda vez, tras ser reelegido por un electorado insensato. Además de ser un violador condenado, Trump es un pederasta consumado, reiterado y todavía impune, más grave aún. De este comportamiento criminal existen miles de pruebas en lo que se conoce como los Archivos Epstein. ¿Cómo llegaron allí? Muy sencillo, Jeffrey Epstein, él mismo un traficante de niños y niñas, entendió que su seguro potencial contra los procesos penales que venían pierna arriba consistía en guardar pruebas de que había tenido clientes y cómplices poderosos, como, lo adivinaron los lectores, Donald J. Trump. Ergo, ahí está todo y andando el tiempo se conocerá cada vez más.
La segunda piltrafa humana es un criminal peor que Trump. Hablo de Vladimir Putin, quien carga a sus espaldas el peor de todos los crímenes conocidos por la humanidad: es un genocida. También un iluso. Pensó que dominar a Ucrania era un juego de niños, pero hoy, aun sin el suficiente dinero, Zelenki y su equipo le dan a Rusia golpes de creciente contundencia. Por ejemplo, los daños que causaron en los alrededores de Moscú el propio día de las “elecciones”, el 20 de septiembre, cuando cientos de depósitos de petróleo volaron por los aires. Fue, como dicen algunos, un voto negativo contra el genocida.
Numerosos analistas internacionales aseguran que Putin está tan desesperado con los daños que le inflige Ucrania que podría cometer una locura mucho más seria que la de febrero de 2022: atacar a terceros países, incluso miembros de la OTAN. Se cita a Polonia, Rumania y Lituania. Me resisto a creer que esté tan deschavetado. Un ataque semejante activaría a los europeos, que vienen arrastrando los pies. Pues bien, tan advertidos están que casi todos han puesto en marcha planes de contingencia militar. Si uno de estos ataques dementes sucede, un efecto casi ineludible sería abreviar el conflicto, pues me resulta impensable que Putin gane en otra parte lo que ha venido perdiendo en Ucrania. Eso sí, a Zelenski y a los ucranianos les hace falta plata, por ejemplo, los 210.000 millones de euros de fondos rusos, congelados en bancos europeos. El principal obstáculo para que Ucrania acceda a ellos es un señor llamado Bart De Wever, actual primer ministro de Bélgica. Por supuesto que si se da el nuevo ataque ruso, hasta este amigo tendrá que dar su brazo a torcer.
No tiene nada de raro que las dos piltrafas se guarden la espalda, así las vías de salida para ambos estén ya demarcadas. Trump con mucha seguridad perderá al menos la Cámara de Representantes en las elecciones de mitaca del 3 de noviembre y también podría perder el Senado. Eso lo convertirá en lo que los gringos llaman un “pato cojo” durante los dos años que le quedan en el poder, haga el ruido que haga. Y al menos yo no les apostaría a los herederos de don peluquín, Vance o Rubio.
El horizonte probable de Putin son esos mismos dos años, después de los cuales su país estará tan destruido que alguien o algo intentarán hacerlo a un lado. Claro que Ucrania también irá mal para entonces, pero la tradición de los países que solo cuentan con su propia desesperación (más la deuda del agresor) los impulsará a una de seguro rauda recuperación.