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Un modelo averiado

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Las imágenes que salen en televisión son sobrecogedoras: chorros de agua a presión, gases lacrimógenos o gases pimienta sobre grupos grandes de gente, y también lanzadores de ladrillos, policías acorralados o heridos, proyectos de ley que aumentan las penas a los que destruyen bienes públicos, y no pare de contar por ninguna razón. ¿Qué pasa en los países capitalistas europeos, antes exitosos y sobre todo tranquilos? Pasa que el modelo de sociedad de la Europa próspera edificado después de la Segunda Guerra Mundial hace agua por todas partes. El gran Estado de Bienestar es hoy insostenible, de suerte que vendrán, sí o sí, cambios de fondo. ¿Por qué es esto un problema? Porque a muchos millones no les gusta que les quiten beneficios, les agreguen obligaciones o les posterguen derechos y entonces salen a la calle a romper y manchar.

¿Qué es lo que afecta a la mayoría de la población, en particular a los jóvenes? Los salarios limitados, la vivienda cara, un fenómeno acentuado en los países con costa en el Mediterráneo por la migración de los ricos del norte de Europa, así como de latinos y gringos ricos. Súmese a eso el creciente gasto militar, inevitable dada la agresión rusa a Ucrania, encabezada por Putin. Viene sí o sí una nueva ola de servicio militar en varios países. Falta sumar al todo la presión demográfica, es decir, el envejecimiento poblacional que reduce la proporción de trabajadores jóvenes y activos en relación con los pensionados y receptores de subsidios, desbalanceando las cotizaciones. Es sencillamente inevitable que tarde o temprano se tenga que aumentar la edad de jubilación, algo justificado además porque hoy una persona de 65 años está mucho más sana que hace 40 años.

El estado de bienestar empezó otorgando unos derechos generosos, amplios y copiosos, con pocos deberes acompañantes. Lo temporal, como de costumbre, se fue volviendo permanente. Mucha gente se acostumbró a trabajar muy poco o a no trabajar, pese incluso a la inevitable reducción de sus ingresos. Pues bien, la idea de base nunca fue no trabajar, salvo para gente con capacidades físicas o mentales muy limitadas. Hay que recordar que el trabajo es saludable, con muy pocas excepciones. En fin, la gente le encontró grietas al sistema, muy en particular invocando condiciones mentales y físicas que hace 30 años eran excepcionales. Ahora a los países les toca cerrar estas grietas, incluso las que antes no existían.

Con el paso de los años, la contradicción implícita en todo esto se fue volviendo imposible de cuadrar. Hoy lo que está claro es que el viejo barril sin fondo en realidad sí tiene fondo. Claro que a muchos no les gusta este menú. Hablando de soluciones, está muy en particular la propuesta por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, quien dice lo siguiente, sobre todo a los adolescentes musulmanes de tercera generación, los más extremistas: “Si salen a la calle a sembrar el caos, ¡vaciaremos las cuentas bancarias de sus padres!”. Quienes participen en protestas violentas en Italia se enfrentan a cinco años de prisión y una multa de 20 mil euros. Esta determinación ha sido en extremo efectiva.

Concluyamos con algo que debería ser obvio. Un Estado de bienestar de alcance algo menor que el hoy vigente en Europa por supuesto que es mejor que la ley de la selva. Es incluso muy preferible a la sociedad más o menos neoliberal que impera en Estados Unidos, donde las cosas también hacen agua. Vienen, eso sí, años agitados hasta que se implanten los cambios.

andreshoyos@elmalpensante.com

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