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Un voto con mil bemoles

Andrés Hoyos

17 de junio de 2026 - 12:04 a. m.

La segunda vuelta electoral del próximo domingo ofrece dos opciones, una imposible y otra preocupante, incluso desapacible.

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Para mí es imposible refrendar la opción petrista, centrada no en Iván Cepeda sino en el propio Gustavo Petro, un mitómano incorregible, jefe de un tinglado corrupto cuyos detalles les voy a ahorrar hoy a mis lectores, pues ya los conocen de sobra. Como lo más probable es que Cepeda quede de segundo, va a ser otra vez senador, de suerte que tendrá cuatro años para convertirse en un candidato serio de una izquierda más moderada, sin la sombra oscura del ogro que hoy arrastra tras de sí.

El descarte ocasionado por las mayorías electorales del 31 de mayo nos puso a muchos a votar por Abelardo de la Espriella (ADLE), quien no ha sido antes mi candidato y de ser elegido, no será mi presidente, en el sentido de un presidente de mi gusto. Mala suerte, amigo, como dicen a su manera los gringos. Sí, mala suerte. No obstante, lo que tampoco he visto son las pruebas de que sea un delincuente o de que es un fascista. O sea, palabras muy grandes para prejuicios todavía más grandes.

Según decía yo aquí hace dos semanas, la apuesta del malvado presidente Petro era sumir al país en el caos y vaya uno a saber si lo sigue siendo. Por lo que hemos visto no lo está logrando, aunque falta la prueba de fuego de la segunda vuelta de las elecciones, y después llegar al 7 de agosto, cuando hay cambio de gobierno. Hasta el momento de escribir esta columna, Petro sigue sin aceptar los resultados de mayo, pese a que hasta el propio Iván Cepeda ya los aceptó. Todos los observadores internacionales, que por definición no toman partido, certificaron la limpieza del proceso. Al final, lo más probable es que a don Gustavo le toque irse del Palacio de Nariño, no sin antes pedir a sus huestes que hagan todo el daño posible. Se anuncian, pues, dos o tres meses de fuerte agitación, ante la cual el gobierno entrante tendrá no solo la opción sino la obligación de responder con mano dura, claro, sin muertos innecesarios.

Numerosos políticos de varias orientaciones van a quedar sin trabajo tras las elecciones presidenciales de 2026. Jubilados del todo, con y sin líos penales: Roy Barreras, Gustavo Bolívar, Laura Saravia, Carlos Ramón González, Olmedo López, Sneyder Pinilla, Sandra Ortiz, Armando Benedetti, Guillermo Alfonso Jaramillo, Ricardo Roa y un largo etcétera. Con opciones en otras elecciones quedará el propio Iván Cepeda.

Ahora viene la segunda vuelta del 21 de junio, la definitiva. Las perspectivas dicen que quien más probabilidades tiene de ganarlas es De la Espriella (claro que si, contra lo que se cree, gana Cepeda, retiro las afirmaciones de arriba). Al igual que hace cuatro años, las últimas semanas van a resultar cruciales. En fin, dejemos inconcluso el juego de las profecías, pues solo falta media semana.

Por lo demás, al gobierno entrante le tocará resolver líos muy peludos, digamos un eventual apagón y potenciales racionamientos de agua. Todos ellos son problemas agravados o creados por incuria del gobierno saliente. De más está decir que ambos lados tendrían que lidiar con estos problemas. O sea que la elección implica el cargo de presidente de cuatro años, mas no incluye ninguna varita mágica. Dicho de otro modo, no habrá recurso de abracadabra. Igual, la vida sigue y a los ciudadanos nos va a caer el costo del grueso de las soluciones, si bien hay países vecinos un poco en las mismas.

andreshoyos@elmalpensante.com

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