El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Una opción socialdemócrata para Colombia

Andrés Hoyos

26 de marzo de 2025 - 12:03 a. m.

En columnas y escritos he mencionado varias veces lo del título y, con frecuencia, recibo correos o comentarios al respecto. Sin embargo, la gente sigue sin saber cuál sería esta opción para Colombia y, en general, para los países “en vías de desarrollo”.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

No tendré que decir que la división entre izquierda y derecha nunca funcionó por aquí, a pesar de que uno incurre en ella por inercia. ¿Por qué? Dejo la segunda parte de la dicotomía a los que se inclinan hacia la derecha. Ellos quizá nos podrán decir en qué consiste una que le sirva a un país como Colombia. Pese a que soy veterano, no la he visto; apenas he visto vertientes más dañinas y menos dañinas. No obstante, el despelote que nos viene dejando el primer gobierno de izquierda de la historia colombiana ratifica algo que es una obviedad en América Latina: la izquierda desquiciada puede ser peor que la derecha.

Propongo que no es demasiado pedir que la opción socialdemócrata nazca por estos lares al igual que nació en la Europa en la primera mitad del siglo XX. Allá avanzaba a pasos agigantados el comunismo, hasta en países prósperos aunque atribulados y convulsos como Alemania. Bastará con recordar a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fundadores de la Liga Espartaquista. El costado anticomunista de los partidos obreros entendió que se requería una respuesta reformista al comunismo, encarnado además por la ominosa y peligrosa URSS, primero bajo Lenin y después bajo Stalin, el gran asesino de masas. Pues bien, los “revisionistas”, según llamaban con odio a los amigos de Eduard Bernstein, se vieron en la obligación de formular una política en que los obreros sí tuvieran algo que perder, contrarrestando la fórmula inicial del Manifiesto Comunista. Con los años aquello se convirtió en el Estado de bienestar, que al final se impuso sobre las ideas extremistas de acabar con todo.

Si dejamos atrás la Segunda Guerra Mundial, llegamos a épocas de agudos conflictos en América Latina. La comparación tiene dificultades, pese a que sí es cierto que las izquierdas, tipo Castro, los sandinistas y Chávez —incluso tentativas que de seguro serán fallidas, como la de Petro en Colombia— han dejado una estela destructiva, casi comparable a la vivida por Rusia bajo el estalinismo. Según eso, se necesitan alternativas socialdemócratas; es decir, de una izquierda que ofrezca salida a los capitalistas, siempre y cuando paguen una cantidad grande y justa de impuestos.

Read more!

Lo otro que habría que imitar de la socialdemocracia de antes de la Segunda Guerra es su propósito, que a algunos les parece contradictorio: aunque eran con claridad de izquierda, no odiaban a los capitalistas; casi que los amaban, pues sabían que son los únicos que tienen una verdadera capacidad de pagar los impuestos necesarios para construir el Estado de bienestar; por eso había que protegerlos. Claro, allá les dejaban por ahí el 50-60 % de lo ganado y les daban muy buenos servicios, lo que de todos modos los hacía muy prósperos.

Compárese esta actitud con las izquierdas de América Latina, que odian a los capitalistas y los consideran chupasangres, acaparadores, bandidos, criminales, asesinos. Los mandamases de la zurda hablan de que estamos ante el fin del capitalismo, lo que asimismo implicaría el fin de los impuestos, que se plantean como un castigo, no como un quid pro quo. La actitud de defensa agresiva que preconiza, por ejemplo, Francisco Santos tampoco es la solución. Lo esencial es llegar a un cambio dramático de actitud de lado y lado, algo poco probable, según, claro, lo comprendo yo. Por ahora, obvio, lo primero tiene que ser aclimatar la idea.

Read more!

andreshoyos@elmalpensante.com

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.