Leo en muchas partes, sobre todo en Colombia, que la gente se lamenta por el fracaso de las opciones de “centro”. Pues bien, queridos lectores, ¿saben ustedes eso qué es? Yo tampoco lo tengo claro. Por definición consiste en ocupar un lugar entre los extremos, lo que en últimas les permite a estos definir el mapa político. ¿Esa es la idea? No lo creo, de ninguna manera. Habría que mirar hacia otro lado.
No por coincidencia el surgimiento de la socialdemocracia en Europa se dio como reacción a las actividades y éxitos de un extremo, el entonces llamado marxismo-leninismo, que aún existe, aunque muy desnaturalizado. Vladimir Ilich Ulianov, el nombre original de Lenin, fue el fundador putativo de la socialdemocracia europea. Había en las primeras décadas del siglo XX un fuerte movimiento obrero en Europa, a veces revolucionario, el cual se vio muy potenciado durante la Gran Depresión de 1929. Pronto los movimientos comunistas se fueron volviendo una amenaza para los gobiernos de la zona. El argumento central del Manifiesto comunista es que “los proletarios no tienen nada que perder, como no sean las cadenas”. Pues bien, la idea principal de la socialdemocracia consistió en dar a los proletarios mucho que perder: la salud pública, la educación pública, la seguridad social, la justicia, o sea, lo que más adelante se llamó el Estado de bienestar. Andado el tiempo se entendió que para la socialdemocracia los empresarios no eran el enemigo –chupasangres y demás clichés–, por la simple razón de que se necesitaban los impuestos que ellos pagaban como recurso central. Con insistencia y claridad fueron convenciendo a un grupo grande de capitalistas de que el Estado les daba a ellos también todo lo mencionado a cambio del pago puntual de los impuestos. Una vez pagados estos, lo mucho que restaba era de ellos y no se podía tocar. Y, claro, el comunismo era descartado.
Bien, el tal centro indefinido y tornadizo colombiano de seguro será borrado en las elecciones del 31 de mayo, así que conviene volver a barajar. Algunos, que no hemos militado en la izquierda desde hace décadas, vemos con buenos ojos la opción socialdemócrata. Sobra decir que habría que platanizarla, como se dice, aunque la idea seguiría siendo dar una alternativa a los menos favorecidos sin por ello arrojar la economía de mercado por la borda. Con ello en mente, habría que depurar al Estado y sacar de sus guaridas a los grupos corruptos que hacen imposible confiar en él. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto. Primero hay que limpiar y generar confianza y después cobrar en forma progresiva los impuestos necesarios mediante una reforma tributaria defensable. ¿Que los ricos no van a estar de acuerdo? Muchos, puede que no; pero otros, bien puede que sí si se les demuestra la confiabilidad del sistema. Dicho de otro modo, una reforma como la propuesta no puede implantarse de la noche a la mañana y tiene que ser resultado de un largo e intenso debate.
Por supuesto que se necesitaría fundar un partido socialdemócrata moderno para un país en desarrollo. Un partido de esa naturaleza tendría que ser obra de los jóvenes del país. Los veteranos, si mucho, opinaríamos, alentaríamos y votaríamos a favor cuando fuere necesario. En el interregno, lo más seguro es que sigamos metidos en la olla pitadora de la derecha y la izquierda como las conocemos.
El Estado de bienestar es la verdadera opción para Colombia. Pido a los amables lectores y lectoras que revisen la literatura y planteen la salida. Para mañana es tarde.