Donald Trump se comporta como lo que un libro llamó “el americano feo”. Venezuela es prueba fehaciente de ello, aunque claro que está lejos de ser la única. Basta pensar también en Irán. En el caso del país vecino, hay otros protagonistas temporales, interinos, diga usted, Delcy Rodríguez y su hermano Jorge, aparte de Alejandro Betancourt, entre varios “bolichicos”. Eso sí, de democracia ni el rastro. Asegura el señor del peluquín que el país se desacostumbró al sistema, y tal vez sea cierto. Ok, pero para volverlo a acostumbrar, ¿no sería sensato permitirle que haga el tránsito y celebre elecciones libres? Para ya es tarde. Del lado gringo también está Marco Rubio. Al menos yo no le veo posibilidades a este hijo de cubanos de ser presidente en 2028.
Entre tanta confusión, lo que mucho menos nos han explicado es de qué manera el raponazo del 22 % de las reservas de petróleo venezolano va a conducir a la democracia. Como se sabe, los chavistas en el poder están acostumbrados a sacar una tajada gorda de los contratos del Estado. Sin verdaderas reformas y sin investigar de lo sucedido, ¿cómo se evitaría esto ahora? Nian se sabe. El plazo de un siglo que se menciona es una enormidad. Claro que según Jorge Rodríguez serán “apenas” 25 años. ¿Quién dice la verdad?
Voy a abstenerme de caer en profecías fáciles. Ni yo ni nadie, creo, sabemos lo que va a pasar. Lo que sí se sabe es que algo tiene que pasar, que el sainete no puede seguir igual. Se hacen en dólares las cuentas de la lechera. Van a llegar 100 mil millones de dólares en inversión y eso generará 200 mil millones de ingresos en 25 años. ¿25 años? El plazo es impracticable. O sea, lo único que uno puede asegurar hoy es que por un camino u otro el funesto tinglado se caería con estruendo. Se habla, por ejemplo, de que Delcy duraría varias décadas en el poder. Otro imposible categórico, pues no da la talla por ninguna parte. Ojo que si los inversionistas internacionales que obedecen al trumpismo pierden mucho dinero con el tal Nabep (North American Blue Energy Partners), merecida la tendrían. Para Trump, todo el desaguisado es apenas otro negocio, un negocio que, como digo, va a caerse. Además, Trump sale del poder en dos años larguitos. ¿El presidente que llegue después, del partido que sea, le va a permitir seguir con su montaje? Dejo la duda, que ni duda es.
Algo me dice que el verdadero camino hacia adelante será por fuerza democrático, pues ningún otro régimen político ofrece certezas de tomar decisiones duraderas. No mañana, pero sí en 2027 o, siendo muy pesimistas, en 2028, habrá elecciones en Venezuela y entonces entrará al poder un gobierno legítimo. Este gobierno tendrá que analizar los acuerdos que encuentre y con toda seguridad querrá modificarlos, mediante algún tipo de negociación. Esto significa que alguna continuidad habrá con lo pactado, pero que al mismo tiempo habrá cambios de fondo, otras tasas de regalías, otros derechos y así. Insisto en que no hay manera de saber hoy cómo sería este proceso, tomando en cuenta, además, que la fuerza relativa del gobierno entrante y de los que sigan después serán variables cruciales, hoy imposibles de prever.
Algunos tenemos la esperanza de que el pueblo venezolano haya aprendido las lecciones tras pasar más de un cuarto de siglo bajo dictaduras, y fuerce a sus dirigentes por caminos sensatos. Esto no solo no es imposible, sino casi que cabe esperarlo. No obstante, en el interregno seguirá la lora insensata, un deporte típico de los periodistas despistados.