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Los partidos inaugurales en cualquier competición no son sencillos. Empezar además con un lastre es más complicado. Por más que los amistosos arrojaron buenos números, no basta para olvidar la eliminación y la resaca reciente por no haber ido a Catar. Ganarle a Venezuela es normal, pero sumado a que era el debut de las eliminatorias para el mundial norteamericano, se presentía que no iba a ser para nada fácil. Fiel a la historia, la selección vecina se paró bien y a pesar de no pasar casi nunca la línea de la pelota, incluso pudo hacernos daño en el primer tiempo. Los dirigidos por Batista, guiados por su veterano capitán Tomás Rincón, se plantaron y se dedicaron a interponerse, muy cortos entre líneas a cualquier salida de los comandados por Lorenzo. Y nos costó mucho, porque además el equipo no tenía la movilidad necesaria de la mitad hacia arriba salvo en la jugada del gol anulado a Díaz o cuando Muñoz y Uribe pudieron anotar.
Había que cambiar para el complemento y la entrada de Carrascal fue el detonante para encontrar la claridad. Ya se había ganado la titular, pero el retraso en los vuelos hizo difícil verlo de inicialista por obvias razones. No es poner a Cuadrado porque si, es saber utilizar lo que todavía tiene dependiendo de las circunstancias. No sólo fue la entrada del 8 con jet lag, también la liberación del lugar para Arias lo que produjo el hábitat ideal para que Borré marcara.
Después se puedo haber ganado por una mayor diferencia, sin mencionar el penal que no pitaron increíblemente, pero lo cierto es que había que poner pie con victoria y se consiguió. Si no menospreciamos a los vecinos antes del juego, menos lo debemos hacer en el análisis. Claro que hay que mejorar, sobre todo en defensa: a los laterales no les fue bien. Vimos a Muñoz muy errático y confundido a veces en el regreso y a Machado , salvo algunos chispazos de buen entendimiento con Lucho, haciendo casi lo mismo que su antagonista de puesto. Lucumí tal vez sintió el peso de ser ya una realidad en clasificatorias y se notó nervioso, sobre todo saliendo.
Uribe sigue en un limbo. No marca como debería ni aporta suficientemente en la salida. Esos fueron los puntos individuales bajos. Se viene la siempre difícil Chile, que trata de encontrar su propia renovación de la generación prodigiosa y eso no es sencillo. Ojalá pudiéramos ver ya una tricolor que pueda ser protagonista en cualquier cancha, que a propósito no va a estar en las mejores condiciones por el invierno y las huellas del concierto de Bruno Mars en el monumental de Santiago, aunque apenas para el segundo juego va a ser altamente improbable, pero que se vea ya un sello de intenciones ofensivas y de intensidad sería muy bueno.
Dejar atrás el miedo del pasado reciente de visitante es necesario, porque sacar puntos afuera ayudará demasiado para conseguir el objetivo temprano. Paso a paso, Colombia.
