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Ser buen técnico no es cuestión de pasaporte, como se ha dicho infinidad de veces; es un asunto de capacidad. El caso de la reciente salida del entrenador de Nacional da para analizar aspectos de lo que ocurre. El debate de cuánto influye quien dirige en el resultado de un partido es polémico. Hay quienes aseguran que muy poco, que los que deciden son los jugadores. Otros, al contrario, le suman gran importancia al que está sentado en el banquillo. Hoy, si los futbolistas son considerados incluso “dioses” o “extraterrestres”, los “místeres” no se les quedan atrás. Sus salarios, que antes eran bastante normales, ya muchas veces están por encima del promedio de sus planteles.
Lo primero que se debe tener claro para buscar el timonel de su equipo es definir el perfil. En el momento exacto que se riega la bola de que hay vacante, empiezan a llegar hojas de vida a las oficinas del club. Los empresarios son muy rápidos en dicha reacción y dejarse llevar por sus sugerencias es el primer problema. Defina, señor directivo del FPC (por poner un ejemplo aleatorio), qué es lo que quiere y se ajusta no solo a su presupuesto, sino al ADN de su institución. Cada equipo tiene su historia y su estilo, que lo identifica para sus hinchas y rivales. Después de tener claro algo tan simple, se debe entender el momento específico que se atraviesa. ¿Cuáles son los objetivos?, ¿cuánto tiempo tengo para conseguirlos?, ¿tengo buen plantel?, ¿necesito contratar jugadores y en qué posiciones? Después de contestar esos interrogantes y saber a ciencia cierta donde está parado, ya puede empezar a filtrar el nombre para el cargo. Y se debe proceder de la misma manera que se impone en el bando de los serios, mirando sus números recientes. El principal error de los directivos de Nacional al traer de regreso a Paulo Autuori fue precisamente ese, que además de ignorar lo mal que le fue en su primera experiencia con el verdolaga, pasaron por encima el hecho de que el brasileño hace rato no dirigía en propiedad y se dedicaba a ser mánager o director deportivo, no director técnico.
Admirando mucho a Bolillo Gómez, tampoco era el indicado para Júnior. Todavía lo puede sacar campeón y llevar a copas, pero será un experimento antinatural. Los Char se confunden permanentemente por su gran poder económico y toman decisiones apresuradas. Si su apuesta era Juan Fernando Quintero, el gallo no era Hernán. Sin justificar la salida intempestiva de Juanfer y para no ponerme de ningún lado, la pifia fue de los dueños. Júnior necesita una propuesta ofensiva, lírica, alegre y debe empezar a pensar por fin en el potencial de su región, en todo el sentido, para armar un proyecto comandado por alguien que, primero, juegue como a ellos les gusta, sin vedettes, con obreros y edificando su cantera, no siempre ejercitando la cartera.
