A raíz de las nuevas disposiciones que anunció la International Board (IFAB), que se aplicarían desde mitad de año, hay tela para cortar. Ha suscitado revuelo importante lo que tiene que ver, sobre todo, con los porteros, que justamente se les debe atribuir al particular accionar de Dibu Martínez.
La International Football Association Board, como se llama en realidad la entidad, dice que no se debe permitir de manera alguna que los guardametas retrasen los penaltis o distraigan injustamente al ejecutante. Para tal efecto prohibiría todo tipo de gesto, movimiento o provocación verbal incluso que pueda ser considerada inadecuada para la sana competencia.
Todavía no sale la norma, pero ya ha causado gran revuelo, sobre todo para los que defienden a ultranza esas actitudes exageradas de algunos, como el arquero argentino que pese a ello fue premiado por la FIFA como el mejor del mundo. Emiliano, dueño de buenos reflejos bajo los tres palos, fue elevado en su país después del título en Catar por la mayoría a calidades reservadas exclusivamente a dioses del Olimpo, pasando por encima e ignorando sin pena sus actos groseros y de mal gusto.
La maña se permitió allá lamentablemente porque consiguieron el objetivo deportivo, tanto es así, que hasta los niños gauchos hoy son alentados y aplaudidos por sus padres cuando emulan el baile que tanto le criticaron en Copa América a los Mina o Cuadrado, porque no son Martínez o Papu Gómez y deliran al ver a sus hijos repetir la grotesca porno-celebración acompañada del movimiento pélvico para adelante y para atrás, con el único fin morboso de humillar y burlarse del rival.
Los jugadores, quiéranlo o no, ellos mismos u otros, son parte de la sociedad, pertenecen a ella. Ese cuento viejo de los “códigos del fútbol” está muriendo. Todo lo que hagan en la cancha y fuera de ella es público en un alto porcentaje. Tiene repercusión inmediata, no todo vale ni todo pasa. El caso Mejía-Pérez de la semana anterior en el juego entre Unión Magdalena y Águilas Doradas, donde alguien debe estar diciendo mentiras, no se puede repetir.
Ustedes, señores futbolistas, se tienen que respetar, no cualquier cosa se queda y se excusa en el campo de juego. Ahora el detalle es trascendente y deben ser más cuidadosos. Aprendan a tratarse bien. Si hay algo bueno de esta sobrexposición, es que se están exaltando los modales, el buen trato y ejemplo de los actores sociales. Que los “artistas” se insulten va de alguna manera a invitar a que el hincha haga lo mismo desde la tribuna y las redes sociales.
Cuando el cantante es grosero en el escenario, contagia a su público y cualquier cosa puede pasar en las gradas. Los de antes todo lo escudaban en los mencionados “códigos”, que entre otras cosas no están ni siquiera escritos. Estoy de acuerdo hasta cierto punto que la ropa sucia se lave en casa, pero ojo, muchos todavía la cuelgan en el balcón…