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Soy un gran admirador de Lionel. No descansaré hasta tener una entrevista, su camiseta firmada, y buscaré, cual fan empedernido, lograr una foto con él. Para mí está en el top tres de la historia, en serio es un fuera de serie, como muchas veces lo he afirmado y de esa tripleta es el que más he disfrutado, los números lo respaldan siempre, pero me parece que el Balón de Oro este año debió tener otro ganador: Robert Lewandowski.
Era tan evidente que el mismo homenajeado lo dijo al recibir el premio. Se lo habían quedado debiendo del año pasado y con lo difícil que es que un centro delantero hoy se destaque. Son muchas las razones para unirse al descontento global por esta decisión evidentemente comercial. El polaco no tiene tanta prensa ni patrocinadores como el argentino, que, repito, se merece todo lo que ha conseguido. Este deporte está cayendo nuevamente en los mismos vicios de los años 90 que lo convirtieron en aburrido y plano. Por esos días Gary Lineker soltó una frase que todavía se recuerda con una sonrisa nerviosa, “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre ganan los alemanes”.
Pareciera que para France Football, la revista que otorga este galardón año tras año, puede hacer lo que fuera cualquier otro jugador, pero desde que estén vivos Messi y CR7 será casi imposible vencerlos. Así se manejan las cosas hoy lamentablemente y por eso estos reconocimientos siguen perdiendo credibilidad y hacen tanto daño. ¿Es al mejor del mundo o de la temporada?
¿Había necesidad de ser tan injustos y sin filtros al mismo tiempo? Montan un espectáculo alrededor de la Pulga exagerado, con toda su familia invitada, Luis Suárez, su mejor amigo, sentado a su lado en primera fila solamente para entregarle el trofeo, en fin…
Lo rescatable es que ahora sí importa la Copa América y que ya los logros en este continente pueden ser valorados, porque nunca se consideró así. Lo de la noche parisina del lunes pasa a la historia como un gran desacierto a la altura del 2010, cuando hicieron lo mismo con Andrés Iniesta.
A decir verdad, estos reconocimientos individuales para una actividad colectiva siempre serán raros. Es como si a un chef lo premiaran por el uso de una sola papa criolla en el ajiaco, y me disculpan la comparación. Alguien puede afirmar que Lio potencia a sus compañeros en el Barça, PSG y la albiceleste mucho más que el buen Robert, pero esa es una apreciación bastante discutible. ¿Cuántas veces le ganó el culé al bávaro con los dos en cancha?
Sin el 9 del Bayern, una selección venida a menos como la polaca desde tiempos de Lato, Zmuda o Boniek no tendría ninguna relevancia. Además si es tan importante la carrera, por qué no destacar su altruismo, poco interés por el dinero y compromiso permanente con su club. Es un ejemplo como atleta y como persona, era una buena oportunidad para exponerlo ante el mundo y reforzar conceptos nobles. También estaban como alternativas para salir de la monotonía las candidaturas de Kanté y Jorginho, campeón de Champions y Eurocopa, títulos más pesados si se quiere.
