18 Nov 2021 - 12:30 a. m.

Gotas para el dolor de ojos

Andrés Marocco

Andrés Marocco

Fútbol / Rock

Colombia sigue sin convencer, no hay cómo explicar que aún estemos en zona de clasificación. Cada partido, más ineficacia, más incapacidad, menos expresión. Echarle la culpa a Reinaldo Rueda no es preciso, aunque las convocatorias y las alineaciones son su responsabilidad. Hay varios jugadores perdidos, equivocados, con el sentido común extraviado. Indudablemente una idea sólida de la cabeza del grupo no trasciende. Parece que nos quedamos en el plan de recuperar la solidez atrás y no hay rutas para encender el generador de juego. Le cortaron la energía al motor de los aciertos. A Paraguay había que arrasarlo, con goles o con intensidad, pero a pesar de que las ganas y el compromiso de James fueron evidentes y refrescantes, y el ingreso de Cantillo esperanzador en la entrega y conducción, no fue suficiente para hacer sufrir a los guaraníes. No fueron más de tres opciones de gol las que tuvo el combinado patrio en el Metropolitano de Barranquilla, y eso que el rival le entregó la pelota y se dedicó a esperar todo el tiempo. No somos capaces de producir fútbol ofensivo de calidad. El temor a perder sigue siendo implacable con las tímidas intenciones de hacer daño.

Con esta empatitis aguda, la recta final se viene sin piedad ni margen de error. Perú nos alcanzó y es el primer escollo en enero. Los incas están que no creen en nadie con un Lapadula inspirado y vendrán por los puntos. Después Argentina de visita; ya están clasificados, pero ellos no saben de relajarse. Y el remate será en la Arenosa con Bolivia, que se metió a la pelea, y con la siempre difícil Venezuela en su casa, que hará lo imposible por dañarnos el caminado. Nos detestan y gozan cuando nos complican.

Lo más difícil es que este grupo humano está bloqueado mentalmente. Sus miedos no los dejan usar sus talentos correctamente. No se les puede olvidar lo que saben solamente con ponerse la camiseta amarilla. El cuerpo técnico debe trabajar más en eso, encontrar las raíces de ese trauma que no permite que los protagonistas asuman un rol protagónico acorde con lo que se quiere plantear. Es inadmisible que el plan sea uno y la puesta en escena otra.

Depender de sí mismo es la única ventaja real y enfrentar a los rivales directos un privilegio. ¿Pero hay cómo ganar al menos tres de los cuatro encuentros con este nivel? El consuelo es que todos menos la albiceleste viven una realidad parecida a través de toda la Eliminatoria. Estamos nivelados por lo bajo, nadamos en el mismo mar de mediocridad. Hoy, si vamos a Catar es por ser los menos peores. La mayoría piensa que hay que ir sí o sí al Mundial. Yo ya no estoy tan seguro. Después de Rusia 2018 querría seguir clasificando para dar un salto de calidad, poder aspirar a llegar más adelante, superar la marca de Brasil 2014, pero sinceramente no veo cómo podríamos ni siquiera igualar esa gesta hoy.

Algunos ya piden la cabeza de Rueda, una locura faltando apenas cuatro partidos. Si yo fuera Ramón Jesurún esperaría a que clasifiquemos y me sentaría a hablar con él después del objetivo logrado, para sacar conclusiones y decidir su continuidad. Por ahora solo hay una, nos duelen los ojos de ver como juega la tricolor. Y atención, a punta de empates no alcanza, con 21 unidades no clasifica nadie. ¿Sí se puede?

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