El caso de Independiente Santa Fe sirve para analizar una conducta específica en el fútbol colombiano. El domingo, al final del partido en nuestra transmisión de radio, entrevistamos al presidente del equipo rojo, Armando Farfán, y se molestó porque según él lo estaba “coaccionando”, cuando le pregunté si después de negar toda la semana que ya habían firmado a Hernán Darío El Bolillo Gómez, ¿qué iban a decir si terminaban contratándolo como técnico en propiedad?
Aclaro que no tengo nada contra de El Bolillo, es más me cae bien, pero resulta que su nombre en Bogotá divide y hay un técnico en propiedad, dos detalles que deberían tener en cuenta los directivos rojos si llegan a esa decisión.
Contar con la hinchada es una frase que no aplican los dirigentes del fútbol profesional colombiano y ese es mi tema a tratar hoy. No basta con llenar un equipo de todas las estrellas que aparezcan en el firmamento, ni con endulzarles el oído a los fanáticos para que se ilusionen cada vez que les prestan un micrófono arrancando temporada. A los hinchas también se les respeta oyéndolos hasta donde más se pueda; no se trata de actuar como uno de ellos cuando se está en frente de una institución, pero no estaría mal considerar de vez en cuando lo que el seguidor del equipo siente y piensa.
Claro que todos quisiéramos tener a los mejores jugadores en nuestro equipo del alma, y ese esfuerzo hay que agradecerlo, pero también trato con cariño a la hora de subir los precios en las entradas, la atención “al cliente” en el estadio y aunque les parezca a los dueños el colmo, para consultar algunas decisiones como lo hacen en los clubes grandes de europa.
Se les coló demostrando torpeza a los que manejan al cuadro cardenal que querían cambiar a Fernando El Pecoso Castro, lo cual desencadenó que el equipo se viniera abajo y que la opinión se dividiera fuertemente. Ahora, si los números no alcanzan en lo que falta, con seis puntos abajo del América, les tocará prender las alarmas, sacar jugadores, técnico (vendrá El Bolillo, apostemos) y el conjunto que mejor pintaba a principio de año regresará a lo mismo de siempre en los últimos 33 años. Y los que más sufrirán, como es costumbre, serán los hinchas, que como para algunos son de caucho, parecen no importar en el fútbol colombiano.