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Cuando fue nombrado Néstor Lorenzo sentí una gran alegría, porque creo que es un hombre íntegro y bien capacitado, además con conocimiento pleno de nuestro jugador por su experiencia en los procesos que nos llevaron a dos mundiales seguidos y también fue un futbolista destacado en la Argentina subcampeona de Italia 90.
Por otro lado, trabajamos juntos en ESPN cerca de un año y compartimos bastante, entonces puedo asegurar que lo conozco relativamente bien. He tratado como corresponde a esa relación construida alrededor de esa experiencia, tomarme un café con el estratega desde su llegada a Bogotá, pero no ha sido posible. Ha decidido, y es muy respetable, no tener contacto con ningún miembro de la prensa. Tal vez esa postura le permite a uno ser todavía más objetivo, aunque tampoco esa reunión me iba a condicionar demasiado para expresar siempre lo que siento, como debe ser la labor periodística alrededor de nuestra querida selección Colombia.
Dicho esto, y sorprendido por las expectativas creadas de mi parte con el nuevo entrenador, la sensación que queda ante la primera convocatoria para enfrentar a Guatemala y México no fue para nada popular ni esperanzadora. No me imaginé una lista tan “Pékerman”. Lo que percibí de Lorenzo de esa temporada en Balón dividido era la sensación de un hombre agradecido con José, pero con importantes diferencias conceptuales. Eso sí, nunca habló mal de ningún elemento de esa camada ni lo descartaba de plano. Viendo jugar a Melgar bajo su dirección, mostró un equipo dinámico y ofensivo, de ahí que nos empezamos a hacer una idea de lo que podrían ser sus formaciones, partiendo de un 4-3-3 y pensando en una propuesta protagonista.
Inmediatamente uno piensa en renovación y, para ser claros, en este primer llamado no se vio. Prolonga la columna vertebral que fue a Rusia 2018. Ospina, Sánchez, Barrios, James, Cuadrado y Falcao. Rodeada de varios que no tuvieron éxito con Rueda como Medina, Lerma y Uribe. Si se quería dar un paso independiente y contundente, la premisa falló. No se puede cometer el error de descartar jugadores que todavía pueden aportar, pero no se esperaba tanta fe a un grupo que se vio especialmente confundido en las eliminatorias recientes y que no fue a Catar.
Está bien que un par o hasta tres referentes sean convocados para darles la bienvenida a los nuevos, pero creo que Néstor exageró. En el tema más polémico, James, no había necesidad de sacarlo de su proceso de adaptación con su nuevo club y suscitar a su alrededor tanto ruido en el país. Si está bien y recupera su nivel, se va a poner solito (ver ejemplo Cavani). Rescatable llamar a Cuesta y Lucumí, ver a Llinás, Carrascal y Alzate nuevamente y darle la oportunidad a Asprilla, y conocer con la camiseta patria a Durán. Darle el beneficio de la duda al técnico es lo que toca, pero el desayuno de su gestión es difícil de digerir.
