Desde que se conocieron los grupos en diciembre hemos estado imaginando cada paso de la selección. Su grupo no fue el más exigente ni el más fácil tampoco. Podría catalogarse como de dificultad media. Sin duda el gran rival incluso candidato a ganar el mundial era Portugal, dirigido por un técnico perfectamente capaz como Bob Martínez y con nombres que tranquilamente la sitúan como una de las mejores tres nóminas del campeonato. Después aparecieron en el sorteo Uzbekistán para el debut y la República Democrática del Congo que se sumó después de ganar el repechaje ante Jamaica.
De los lusos, había mucho material para conocerlos en su día a día incluso en sus clubes. Jugadores la mayoría en estado de madurez deportiva que ya ganaron la Copa de las Naciones que no debieron siquiera empatar con los congoleños. Lo que se les vio contra los uzbekos es probablemente la justa distancia. Lo cierto es que Colombia fue muy superior a los amigos de Cristiano Ronaldo en el duelo más esperado por los revendedores de la primera fase.
Si debía haber un ganador, lejos debieron ser los nuestros. La franca mejora del nivel de fútbol que tenemos es absoluta. Hace 2 años se jugó bien la Copa América, pero lo de el juego del sábado fue realmente notable.
Ya se había jugado correctamente ante los africanos a los que se les perdonó la vida ayudado por el pésimo arbitraje del juez italiano. El orden defensivo se restableció y el sistema de contención se estabilizó. Se sentaron las bases para llegar ante los favoritos de la zona con la cabeza en alto y por eso desde el primer minuto se impusieron condiciones.
Es difícil afirmar que si juegas un partidazo no ganas, pero fue así. La falta de gol fue una picardía del destino. Se impuso un equipo en la cancha, se hizo lo que se quiso y un VAR mal hecho y perdido en el limbo de la norma del fuera de lugar, no fue justo. Debería existir la norma del sentido común que no permita más incoherencias. Estamos cerca de demostrarle al mundo que tenemos una buena selección que puede hacer historia y solo es cuestión de seguir en esa estatura alcanzada en Miami. Ahora bien, nadie está diciendo que estamos en la final. El camino que nos correspondería de seguir ganando nos enfrentaría con Argentina y sabemos lo que significa jugar con ellos en un evento como este. Si la mente sigue enfocada y se activan los goles, este podría ser nuestro mejor mundial de la vida. El viernes en Kansas estará instalada literalmente la Ghana de Quieroz, con sus dos buses estacionados para mantener el cero atrás. Es una bonita oportunidad para fortalecer las fortalezas alcanzadas y mejorar en lo que falta, mas goles, mas
Lucho, menos fueras de lugar. No hay margen de error, los africanos son fuertes y rápidos pero prácticamente no atacan. La confianza retomada, la energía de una hinchada grande y dedicada y la convicción serán de gran ayuda. En la casa de los “jefes” hay que saber mandar.
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