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Esta es la columna que uno nunca quiere escribir cuando hay que hablar de la selección de Colombia. Primero, porque no me imaginaba estar prácticamente eliminados a dos fechas de terminar la clasificatoria. Segundo, por el cariño que les tenemos a los jugadores y al técnico. Y en tercer lugar, por las consecuencias de todo tipo que va a traer este suceso para el país. Muchas veces hemos debatido la real injerencia de un DT en un equipo de fútbol. Que sí representa el 30, 40 o hasta 50 %. Creería que la primera de las tres es la correcta. No es poco ni mucho dejar el 70 % al grupo en cancha, que son los que en realidad terminan decidiendo. Reconozco mi falla de percepción cuando me ilusioné con la llegada de Reinaldo Rueda después de la salida de Carlos Queiroz. Era mi segunda opción para reemplazarlo, por lo tanto, no me podía dar por mal servido. La primera sigue siendo Juan Carlos Osorio, sin considerar siquiera que tiene una gran resistencia en la opinión.
A pesar del respeto y afecto hacia el hombre de las tres R, y consciente de que lo ratificaron, sigo pensando que se debe ir. Dar un paso al costado sería lo correcto. La responsabilidad no es solo suya, pero sí tiene gran parte de culpa. Cuando el técnico la tiene clara no pasa lo que viene ocurriendo en la cancha. Ese temor a perder, esa falta de generación y, por ende, de definición no tendrían que ser tan evidentes y menos que el camerino se divida como se rumora.
Hago énfasis en que las consecuencias de la debacle son compartidas, desde la dirigencia y su manera de despedir a Pékerman, la demora en escoger además mal a su reemplazo, y se le puede sumar ya otra, la de mantener a ultranza a Rueda cuando se nota que no tiene cómo ganar los dos partidos que faltan bajo la misma estrategia que lo ha llevado a no conseguir siquiera goles en siete encuentros consecutivos. El fútbol tiene eso, cuando algo no funciona hay que dar un golpe de timón. La indemnización no debe ser un inconveniente, no se cumplieron los objetivos, y conociendo la caballerosidad de Reinaldo, se puede arreglar. Conseguir el apoyo pleno de la hinchada en estas decisiones es difícil, pero hay que actuar con celeridad, como lo hizo Uruguay sin importarles mucho el mediano plazo. Lo que sí debe primar es entender que Más se pierde sin ir a Catar que el costo que implicaría un relevo del capitán del barco.
