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El caso Osorio

Andrés Marocco

26 de octubre de 2021 - 09:23 p. m.

Juan Carlos Osorio es, sin lugar a equivocarme, uno de los mejores entrenadores que conozco y que ha dado esta tierra. De paso, un gran ser humano del que puedo dar fe. Conversar con él de balompié es un placer que me reservo hace tiempo al menos una vez al año. Lo he hecho en diferentes países debido a su ocupación y he sido testigo del respeto que en otras tierras tienen por su trabajo.

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Para mí, como lo escribí el año pasado, debería ser el técnico de la selección de Colombia y fue mi principal candidato para suceder a Pékerman y después a Queiroz. Para hacer claridad, el segundo en mi lista siempre fue Reinaldo Rueda, quien supo capitalizar en 2016 una excelente base que le dejó el risaraldense para ser campeón de la Libertadores con Nacional.

Me convencen plenamente las ideas del actual DT del América de Cali, aunque puedo no estar tan de acuerdo en las rotaciones, en confiar tanto en la capacidad de cualquier sujeto dirigido por él y creo firmemente que sus procesos deben ser más largos que los de los demás, y por eso no lo recomendaría para todos los equipos o circunstancias. Es más, le sugerí muy respetuosamente que si no le daban las mejores herramientas abortara el plan de ir al escarlata en nuestra última llamada en época de negociación, porque se dé la ansiedad que vive una institución que parece no darse cuenta de que debe considerarse bien servido, después de cinco años en la B y regresar para conseguir dos títulos en la A, casi que inimaginables hasta para el más optimista.

Ayer lo ratificaron en su cargo, pero con la condición de que debe clasificar a los ocho para pelear por el título. No creo sinceramente que sea tan grave quedar eliminado si es parte de un plan a mediano plazo de recuperación de prestigio y estatus, pero al menos no se les da gusto a los violentos que querían ya la cabeza del profesor y que intentaron atentar contra su integridad el domingo en Cali. Es tal vez lo último que nos falta en esta patria atribulada, que se muera trágicamente un protagonista del espectáculo en un estadio.

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Volviendo a la pelota, insisto que la obsesión noble de Osorio es su convencimiento innegociable de que puede lograr que el futbolista alcance a implementar en la cancha a la perfección lo que él y el partido le pidan. Que se convierta en un buen elemento en varias situaciones y posiciones, hábil y resolutivo por encima incluso de las capacidades que el mismo ser humano cree que tiene. En pocas palabras, tratar las debilidades hasta convertirlas en fortalezas es su meta individual que se debe traducir en el colectivo. Un grupo además que no tenga titulares inamovibles, precisamente porque todos deberían poder responder siempre que se les requiera y dependiendo del tipo del rival que se enfrente. Haber exigido mejor nivel en contrataciones, en mi concepto, le hubiesen ahorrado tantos inconvenientes. Ojalá la ecuación de tiempo y espacio que han acordado las partes en las últimas horas les alcance para revertir la situación.

Por Andrés Marocco

Periodista javeriano. Radioactiva, 88.9, 40 Principales, Caracol Radio. Dementes Deportivas, Telepolémica, Pelotas. Hoy en ESPN. Bumangués, del leopardo.
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