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Por fin termina un capítulo muy desgastante en la vida de Lionel Messi, el de su salida de Barcelona, que había iniciado el año pasado con el famoso burofax y concluyó con su presentación en París. Fue un episodio incómodo, y si se quiere innecesario, después de más de 20 años con el club culé. Una cadena de errores que pudieron haber sido evitados para que el principal jugador de la historia del club hubiese terminado su vida activa en la institución .
Se fue por una puerta alterna, no la de atrás, pero casi. Incluso el martes mismo, mientras volaba a su destino, ya estaban arrancando sus fotos del Camp Nou, como con rabia, como si La Pulga quisiera ser olvidado pronto, desconociendo todo lo que hizo en la casa blaugrana. Llegó tan chico que debe tener algunos recuerdos confusos, entre otros la famosa firma del acuerdo en una servilleta que al final terminó siendo simbólicamente arrugada y en la caneca.
Debutó al lado de su gran amigo Ronaldinho que, paradójicamente, fue arrebatado de las manos del PSG por el mismísimo Joan Laporta, un presidente que quedó ante el mundo como un traidor o al menos cultor del doble discurso. Se promocionó para volver a la presidencia como quien iba a retener a Lio, le trajo a Sergio Agüero y salió con un chorro de babas que todavía es difícil de entender.
Arregló con el jugador, pero se le “olvidaron” los límites impuestos por La Liga que por esas jugadas magistrales hoy se quedó sin ninguna estrella relevante. Es decir, se sentó con su padre Jorge y cuadraron números sin tener en cuenta lo más importante. Una película de terror que no nos han contado completa, pero que con el tiempo seguro se descubrirá con pelos y señales.
Pero, como en el teatro, se pasó de la cara triste a la feliz, porque al crack después del llanto del lunes se le vio muy feliz desde que pisó la Ciudad Luz. No llegó a un caserío ni a un equipo pobre y sin aspiraciones. Al contrario, como lo dijo en la rueda de prensa de presentación, escogió una institución que tiene un gran plantel y la ambición de que su llegada venga acompañada de títulos. Claro, el más importante de todos: la Champions League. Si se queda Mbappé, conformarán, junto a Neymar, la mejor delantera del mundo y con el aporte de Ramos y Donnarumma los inconvenientes en defensa se pueden empezar a solucionar para conseguir la tan anhelada orejona.
Ahora usted tendrá que decidir si se había hecho hincha de Barcelona por Leonel, irse con él a gozar en su nueva casa o seguir apoyando a los muchachos de Koeman. Mauricio Pochettino estará muy interesado en recibir su buena energía ante el vestuario que tendrá que conducir. Tarea exigente. El miércoles Messi firmó, habló y saludó a la hinchada frente al Parque de los Príncipes, el sábado los sentirá a todo pulmón aún sin debutar dentro del escenario. Como alguna vez dijo Guardiola, abróchense los cinturones porque se van a divertir.
