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Pensaba que para el partido con Brasil de hoy las cosas iban a estar más claras. No para seguir rotando, sino precisamente para tener ya una formación tipo, pero después de los últimos encuentros estamos más llenos de dudas que de certezas. La selección de Colombia está sufriendo, y bastante, las secuelas de dos procesos que no terminaron de la mejor manera. No le voy a quitar responsabilidad al técnico actual, porque ya deberíamos mostrar evolución en varios aspectos, pero no podemos olvidar el lastre del anterior y lo mal que jugamos en Rusia 2018 y su eliminatoria.
Lo peor de esas dos etapas sigue vigente. No tenemos además de grandes inseguridades atrás y toda la zona de contención, efectividad adelante y continuidad de juego. Se puede decir que la salida desde el fondo ha tenido avances, pero se hace lenta y previsible tal vez por el afán de no regalar tanto la pelota. Los rivales nos están contrarrestando y enredando con suma facilidad, porque somos muy repetitivos y lentos en ocasiones, a pesar de tener hombres rápidos en todas las líneas. La renovación colombiana pintaba muy bien, incluso más generosa que la de la mayoría de países vecinos, pero no se está logrando acomodar in situ. Chilenos, argentinos, uruguayos y ecuatorianos parecen encontrar nuevas opciones que se están incorporando con mayor fluidez.
Lo vivido ante peruanos y venezolanos preocupa, porque eran dos cotejos que se debían ganar en condiciones normales. Por más Faríñez inspirado, cuando se enfrenta un oponente diezmado y que no pasa de la mitad de la cancha hay que resolver y liquidarlo. Y con los incas, a los que les ganamos tan fácil en la eliminatoria, se nos perdieron los papeles. Reinaldo puso a Duván Zapata a marcar la salida por izquierda alejándolo de su zona de especialidad y se la jugó con un Sebastián Pérez ido, muy distante de lo que fue, y ni hablar de William Tesillo, que fue presa fácil en marca y muy limitado en salida. Pero quedarse en nombres es el error de todos los que jugamos al técnico. Hasta que el colectivo encuentre el ensamble va a ser muy posible que repitamos la misma historia cada fecha. Hoy hay que saltar a la cancha a recuperar memoria, salir con laterales, a utilizar las bandas y los carriles internos para buscar profundidad con intensidad, sin pasividad y mucha, demasiada movilidad. Cortos entre líneas y robustos sin distracciones. Como siempre ha sido nuestra historia, cuando las papas queman es que hay que mostrar la casta. Probablemente el local ponga un combinado mixto que tampoco es para pensar en relajarse. Ellos con el auto muleto le pueden pintar la cara a cualquiera en este torneo. Estoy lejos de perderle la fe al entrenador, pero después de las buenas sensaciones en Lima se está involucionando. Es preciso encauzar los talentos para empezar a consolidar esta generación de una vez por todas a las órdenes de un gran conocedor como Rueda, que llegó precisamente a eso.
Una eliminación prematura sería fatal para esta nueva administración. Necesitamos una alegría, una señal para seguir creyendo.
