Antes lo llamaban el deporte blanco; ahora el color poco importa, salvo en las canchas de césped del All England Tennis Club donde se juega Wimbledon y se exige exhibir dicha tonalidad en un alto porcentaje del vestido.
El tenis ha sido una de las disciplinas más hermosas, desde que se inventó y se masificó. Su elegancia, competitividad, progreso y excelente mercadeo lo distinguen. Su evolución no para. Nombres como Rod Laver, Fred Perry, Stan Smith, Jack Krammer , Pancho Segura, Alejandro Olmedo, William Tilden y Frank Kovacs trazaron una senda que recibieron Arthur Ashe, Jimmy Connors, Guillermo Vilas, Björn Borg, John McEnroe e Ivan Lendl, una etapa que vimos más de cerca gracias a la televisión.
Los famosos duelos del niño rebelde norteamericano Johnny McEnroe contra el sueco de hielo Borg son imposibles de olvidar. Después vino la gallada de los bombarderos desde el gigante Ivanisevic o el suizo Rosset que no dejaron gran cosa hasta la mezcla perfecta de Pistol Pete Sampras. Sin obviar a Becker, Edberg y Wilander, anteriores al fenómeno, se creía que con este genio gringo que tuvo batallas también inolvidables con su compatriota Andre Agassi, se había llegado al tope de las expectativas. Pero, como siempre, este sorprendente deporte se siguió reinventando y antes de que se convirtiera en guerra de misiles llegó otro suizo maravilloso, Roger Federer.
Con el poder de Sampras, la frialdad de Borg, el talento de McEnroe, la combatividad de Connors, sumando su estilo particular a cada golpe, hacían imposible encontrarle un lado flaco. Roger parecía invencible y además se ganó la simpatía del mundo por su manera de ser, su ritmo elegante y distinguido; de pronto, y siguiendo la sana costumbre, el tenis incorpora a Rafael Nadal. Sin el porte del helvético pero con un físico y potencia privilegiados. Consciente de sus limitaciones, que parece derribar con determinación, es el número uno. Ganó en cancha rápida antes de lo presupuestado. Pero tranquilos, el show continúa. 2009 va a tener otro protagonista. Andy Murray avisó el año pasado que este iba a ser el suyo y ya se hizo sentir en Abu Dhabi y Doha. Qué buen espectáculo se viene con el duelo de estos tres, sin olvidar a Djokovic, quien, aunque no se preocupa mucho por hacer amigos, tiene grandes condiciones, más lo que pueden aportar el argentino Del Potro y el francés Monfils.
Mi sugerencia es que no perdamos de vista lo que nos va a ofrecer esta temporada el circuito masculino que afortunadamente, para los que creemos que no todo es fútbol, así nos apasione, va a estar de película.