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Hace unos días, el técnico del Vasco da Gama brasileño, uno de los equipos representativos de Rio de Janeiro, se despachó en rueda de prensa contra los futbolistas colombianos y ecuatorianos cuando fue consultado sobre su dirigido, el extremo Marino Hinestroza. Palabras más palabras menos, dijo que nuestros compatriotas son indisciplinados tácticamente y de difícil adaptación a los equipos en el exterior.
Renato Gaúcho fue un delantero fantástico que rompió redes en todos los equipos en los que estuvo, incluyendo la selección de Brasil. También ha sido exitoso como técnico y reconocido por su personalidad y sus declaraciones polémicas. Siempre se ha dicho que a veces la verdad duele. En este caso, parcialmente, se aplica, porque no estoy de acuerdo en el 100 % de su teoría.
Todos sabemos que a nuestros jugadores, aunque muchos crecieron en contextos difíciles, les cuesta adaptarse a otras latitudes. Si bien en esos entornos suelen mejorar su estatus, también es evidente que llegan con falencias en su formación. Siempre jugar en otro país será complejo para cualquiera y la adaptación es individual. Faustino Asprilla se adaptó muy bien al Parma italiano y al Newcastle inglés, Iván Ramiro Córdoba al fútbol argentino y ni se diga al Inter de Italia, donde sigue siendo recordado y respetado. Yepes, Falcao, Lozano, Ángel, Rodallega y muchos más lo han hecho a través de los años. Ahora bien, los tiempos cambian y la generación actual es diferente. Hoy son mucho más sensibles y necesitan más contención. Y no estamos hablando precisamente de talento. El técnico de hoy en el mundo tiene que entender esto. Siempre he dicho que si yo tuviera un equipo profesional, exigiría que mi entrenador tuviera al menos un diplomado en sicología deportiva. Lo peor que pudo hacer Portaluppi fue explotar la honestidad brutal. El Vasco, su equipo, tiene una buena dosis de colombianos y los hizo quedar como un zapato.
Nuestros grandes problemas formativos son evidentes y no cesarán hasta el momento en el que realmente nos organicemos, como lo hemos pedido varias veces en esta columna. Hay mucho potencial, pero a la vez demasiadas escuelas de fútbol. ¡Y cada una juega diferente! Este deporte se convirtió en obsesión para los padres de familia, para buscar que sus hijos los saquen de la pobreza con goles.
Nuestros errores no respetan categorías ni instancias. Se ven en las juveniles, en la B, en la A y sobre todo en Copas internacionales, y ya la enfermedad se está extendiendo a la selección de mayores de Colombia. Defensas distraídos y frágiles en el juego aéreo, falta de agresividad en marca, mala entrega de la pelota y pocos goles de los delanteros. Mejor dicho, problemas en cada línea. Un paciente prácticamente inundado de múltiples enfermedades. Así que Renato visibiliza al mundo un tema que ya conocíamos internamente ,pero que tiene solución si se empieza a trabajar por fin desde las bases. Italia, después de sus últimos resultados, anuncia revolcón y ha ganado cuatro mundiales, ¿por qué nosotros no podemos pensar en cambiar de una vez por todas tantas cosas que hacemos mal?
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