Después de ver el debut de Millonarios y Nacional en la fase previa de la Copa Libertadores sigue la misma sensación de los últimos años. No se juega mal, técnicamente hay calidad, tampoco nos pasan por encima, pero nos ganan casi siempre. En serio que hasta 2018 se pensaba que habíamos subido un escalón en clubes. Buenas participaciones de Santa Fe, Júnior y los verdolagas nos hacían ver respetables en el continente. Pero llegó 2019 y el fútbol colombiano no levanta cabeza.
Esta semana empezó un nuevo año de retos para los ocho clasificados a torneos internacionales, que en realidad solo son cuatro directos. La Conmebol es feliz cruzándonos entre nosotros mismos, lo cual, sumado a nuestro mal rendimiento sin más culpa que la propia, acorta las posibilidades de una mejor figuración en los dos eventos del 2022.
Millos tenía una linda oportunidad de seguir mostrando su fútbol ante un Fluminense superior en nómina pero incómodo en un escenario en la altura para debutar. Alguien dirá que sí lo mostró, al inicio sobre todo y en algunos momentos del segundo tiempo, pero claramente no le alcanzó y prácticamente resignó la llave, entendiendo que los cariocas harán respetar su casa en la vuelta.
El problema es que ya es hora de volver a pisar fuerte con los resultados, pero la idea de Gamero es buena, es honesta con nuestro sentir. La pregunta es si tenemos crédito para sacrificar logros y refundarnos explotando las raíces para llegar a mezclarse con los detalles que aún nos falta incorporar del presente mundial. Es decir, inteligencia emocional, mayor intensidad, continuidad y efectividad. Hay que entender que en el caso específico de esta competición, se mete y se pega a veces más de lo que se juega, entonces hay que reducir el margen de error, la ingenuidad y reacciones como la de Sosa ante Melo. No somos rookies en estas lides. No puede ser que todavía brasileños, argentinos y hasta paraguayos nos castiguen con las mismas estrategias de siempre.
Nacional tiene una edición más del viejo duelo contra Olimpia, que inevitablemente le trae buenos recuerdos, como en el 89 y su primera estrella internacional. Jugó muy bien hasta que igualó parcialmente y desde ahí se conformó. Se dejó arrinconar teniendo como ir por más. Ese es el problema con cuidar los empates por el bendito miedo a perder. Si hay algo a lo que le tengo desconfianza es llegar a uno cuando quedan tiempo y fútbol. Perdió tantos goles en la primera etapa que el resultado final les dolió mucho mas. Se es superior en cancha, pero no se capitaliza el trámite. Retrocedimos a la época de los merecimientos y sigue la mala racha. La serie tampoco está cerrada, pero hay que pellizcarse y llamar urgentemente la jerarquía extraviada o tener demasiada paciencia hasta rehacerla. Muy largo ese 3-1, mentiroso también el 1-2 del martes, pero así nos va desde hace años. Se nos perdió el libreto del triunfo y no sabemos en qué cajón está.