Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Ayer me encontré con un buen amigo hincha de un equipo grande y tradicional en Colombia, indignado por lo que nos pasa generalmente en torneos internacionales con los arbitrajes. Esta semana, a Pereira y Medellín los perjudicaron. Le dije que es la misma sensación mía cada fecha de la liga local con el Bucaramanga, mi querido tormento. A los chicos les pitan en contra todo, les suman todos los detalles.
Realmente Colombia en Sudamérica es chico y en el mundo ni se diga. En clubes y la selección. Nos arrinconan a pito, nos ponen 10 lupas con el VAR cuando hay posible penal o posible roja en contra. Es así, los jueces generalmente les ayudan a los poderosos. Parece que les pidieran desde arriba eso, como si fuera parte de su entrenamiento. Por eso es todo más difícil, no basta con fútbol, que en este año hay que decir parece que estamos mejorando en las copas.
Los partidos duran contra los equipos colombianos con excepciones remotas, hasta que el encopetado contrincante empate o remonte. ¡Las manos de ellos son naturales o no ocupan jamás el espacio indebido, el pie iba al balón antes que a la pierna, estaba perfectamente habilitado el anotador del gol por un pelo! Se pone pesado el tema. Ojo, no es excusa para los clubes que no se preparan bien y no invierten debidamente, pero llama poderosamente la atención que se repita tantas veces. Es como un deber que los “grandes” salgan adelante a como dé lugar, que nunca los derroten. Hablar de corrupción arbitral es irse muy adentro en el tema y no creería que pase por ahí el asunto. No me consta. Los tradicionalmente de negro son altamente influenciables por el poder del que tiene más adeptos y títulos. Seguro que hasta son hinchas de esos colores y los quieren victoriosos en su inconsciente. Entonces cuidan de sus intereses automáticamente. Saben que las cámaras y hasta algunos comentaristas de televisión están muy pendientes de que no se cometa ninguna exageración en contra de los obligados a ganar cada partido que disputan. Cuando hay una jugada dudosa, el VAR es su mejor aliado, y no les importa cuánto se demoren en ese cuartito lleno de pantallas para buscar la “hormiga” y casi nunca el “elefante” en la acción. Pero ¡ay! de que sea en beneficio del menos favorecido en las apuestas previas y el del interés de la mayoría, ahí si la tecnología debe ser prácticamente ignorada, demorarse muy poco en la toma de decisiones y jamás llevarle la contraria al central. Así lo quiera negar cualquier seguidor de los que tienen la gloria acumulada en estrellas en su escudo; pasa permanentemente en nuestros estadios, los del continente y el resto del mundo.
Las ayudas tecnológicas llegaron para encontrar la justicia en el deporte, no para crear el efecto contrario y acrecentar distancias.
Como internamente nos acostumbramos a ver estas injusticias, no corregimos, no sancionamos rigurosamente el error, nos meten la mano afuera sin problema y no podemos más que aceptar. No alcanza la moral para indignarse. Para concluir, no todos son malos, el brasileño Wilton Sampaio es el mejor de lejos; deberían clonarlo, pues rara vez se equivoca.
