No es cuestión de buscar lo positivo porque sí. Este 2021 en materia de fútbol para Colombia no fue bueno. Tendríamos que buscar en los rendimientos individuales en el exterior de Juan Cuadrado, Falcao García, David Ospina, Luis Díaz, Duván Zapata, Luis Muriel, Camilo Vargas y por ahí Luis Sinisterra para intentar pasar raspando, pero no nos digamos mentiras, fue un año muy flaco.
La selección jugó horrible, a pesar de mantenerse en puestos de Mundial y ganar en solidez defensiva nos deja con una sensación de preocupación extrema. Nadie puede asegurar la clasificación a Catar a estas alturas. Ya se habla del “como sea”, y lo que implica esto para el futuro. Es muy peligroso cuando se llega a esas consideraciones empujadas por el desespero. Recordemos que incluso con más puntos que hoy en la ruta a Rusia así se pensaba antes del evento, fuimos y salvo contra Polonia y el segundo tiempo contra los ingleses nuestra expresión con el balón fue muy pobre y nos quedamos pegados en lo mismo desde aquel entonces. Se sufre del mal del profeta, los jugadores no rinden cuando se ponen la camiseta amarilla, sino en sus equipos del extranjero. El técnico no logra encontrar el camino para mejorar y el tiempo se está acabando.
En clubes no hay cómo consolarse. Las actuaciones en las dos competiciones continentales fueron absolutamente vergonzosas. No se pasan las rondas cuando se llega a fase de grupos y nos estamos convirtiendo en los animadores simpáticos que éramos hace muchos años atrás. El país se destacaba en los primeros años de este siglo por ser una plaza muy complicada para todos, con semifinales y buenas apariciones. En la segunda década de este milenio obtuvimos dos títulos, el de Santa Fe en Sudamericana y el de Nacional en Libertadores, y también más que aceptable figuración en promedio. Nos iba tan decentemente, que proponíamos, me acuerdo, en la televisión internacional que los cupos se adjudicaran por coeficiente dependiendo del escalafón del año anterior. Si hoy fuera así, a duras penas tendríamos dos cupos. Claro que ahora con los cruces es más o menos así.
El balance negativo nos tendría que ocupar en soluciones inmediatas. Con el combinado patrio hay esperanza de que desde enero se aproveche el amistoso contra Honduras para posibles alternativas en posiciones neurálgicas y empecemos a jugar mejor de cara a las cuatro últimas instancias distribuidas en dos localías y dos visitas. En ambos certámenes coperos que disputarán los clasificados por Dimayor el panorama no es muy alentador, porque por estas fechas, como casi siempre, apenas están pensando en reforzarse con una pereza única en la región. La excusa es la misma, no se puede pelear con el dólar y conseguir figuras es muy difícil, a pesar de algunos movimientos de fichas entre unos y otros, no se vislumbra ningún nombre que ilusione a las hinchadas de dicha conversación y las fuerzas básicas son una auténtica risa en la mayoría, negándose al futuro. Como siempre, tenemos y soñamos los mejores deseos para 2022, pero como sabiamente decía mi abuelo Guillermo: “Cada uno es dueño de su propia suerte”.