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La pausa cambió el fútbol

Antonio Casale

20 de julio de 2026 - 06:00 p. m.
Las pausas de hidratación fueron una de las novedades que la FIFA implementó en este Mundial.
Foto: EFE - AMY KONTRAS
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Cuando la FIFA anunció que el Mundial tendría cooling breaks obligatorios, confieso que me puse del lado de los escépticos. Pensé que el fútbol cedía otro espacio al negocio, que se rompía el ritmo del juego y que, poco a poco, el deporte que conocimos terminaba pareciéndose a otra cosa. Se habló de pausas comerciales disfrazadas de hidratación, de una concesión innecesaria y de un atentado contra la continuidad que hace del fútbol un espectáculo único.

Noventa minutos y un Mundial después, cambié de opinión. No porque las pausas dejaran de alterar el juego. Lo alteran. Pero descubrí que, precisamente en esa alteración, había una oportunidad extraordinaria para enriquecerlo.

Resulta llamativo que, cuando el campeonato terminó, la única innovación que no veremos en el fútbol colombiano a partir del próximo fin de semana sea, al menos para mí, la más interesante de todas.

El segundo cooling break dejó de ser una simple pausa para hidratarse. Terminó convirtiéndose en el único momento del partido en el que el entrenador podía intervenir de verdad. No para gritar instrucciones desde la raya, sino para reunir al grupo, escuchar, convencer, corregir y cambiar el rumbo de un encuentro.

Nadie aprovechó mejor ese instante que Lionel Scaloni. Contra Suiza, frente a Inglaterra y también ante Egipto, las cámaras registraron conversaciones intensas con sus jugadores y con su cuerpo técnico. No era teatro. Eran decisiones. Ajustes de presión, cambios de posicionamiento, mensajes precisos que terminaron encontrando respuesta dentro del campo.

La FIFA sostiene que, desde el punto de vista estadístico, los cooling breaks no cambiaron los resultados del Mundial. Puede ser. Los números tienen su verdad. Pero el fútbol también tiene otra, la que se construye con liderazgo, intuición y capacidad de reacción. No todos supieron aprovecharlo. Colombia, por ejemplo, nunca encontró en esas pausas el punto de quiebre para modificar el desarrollo de un partido. Hubo conversaciones, claro, pero no apareció esa respuesta competitiva que sí mostraron otras selecciones.

Curiosamente, aquello que muchos considerábamos una amenaza para la esencia del fútbol terminó siendo una reivindicación del entrenador. Durante décadas se dijo que este era el deporte donde menos podía intervenir una vez rodaba la pelota. La pausa de hidratación demostró lo contrario: que tres minutos bien utilizados pueden cambiar la energía de un grupo, la lectura de un partido y, en ocasiones, el destino de todo un campeonato.

Por eso lamento que Colombia haya decidido prescindir de esa posibilidad cuando comienza una nueva liga. Porque el fútbol seguirá siendo fútbol. Solo que ahora, de vez en cuando, les regalará a los grandes entrenadores tres minutos para demostrar por qué lo son.

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Foto: El Espectador

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