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El fútbol siempre gana

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Antonio Casale
22 de junio de 2026 - 12:00 a. m.
El delantero de España Lamine Yamal celebra el primer gol de su equipo durante el partido del Mundial 2026 entre España y Arabia Saudí, este domingo en Atlanta.
El delantero de España Lamine Yamal celebra el primer gol de su equipo durante el partido del Mundial 2026 entre España y Arabia Saudí, este domingo en Atlanta.
Foto: EFE - Lavandeira Jr
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Cada Mundial llega acompañado de una nueva profecía sobre el supuesto fin del fútbol. Que los calendarios son insoportables. Que los jugadores llegan agotados. Que la tecnología le quitó espontaneidad al juego. Que el formato de 48 selecciones iba a convertir la Copa del Mundo en una sucesión interminable de partidos desiguales. Y, sin embargo, una vez más, el fútbol termina ganando.

Los números de este Mundial ayudan a explicarlo. La fase de grupos está dejando una producción ofensiva notable, con un promedio goleador superior al de muchas ediciones recientes. Solo en la primera jornada se marcaron 75 goles en 24 partidos, una cifra que refleja el carácter abierto y dinámico del torneo. También se han visto varias goleadas, consecuencia lógica de una ampliación que ha reunido a potencias consolidadas con selecciones que todavía están dando sus primeros pasos en la élite.

Pero ahí aparece una de las grandes paradojas del fútbol. La desigualdad puede producir marcadores amplios, sí, pero también genera expectativa. Cada exhibición de una selección poderosa alimenta la curiosidad por saber quién será capaz de frenarla cuando lleguen las rondas decisivas. El torneo construye su narrativa precisamente a partir de esos contrastes.

Y, por ahora, los favoritos están respondiendo como favoritos. Argentina transmite confianza alrededor de Lionel Messi. Francia mantiene una plantilla repleta de talento liderada por Kylian Mbappé. Inglaterra muestra solidez. Alemania parece haber recuperado parte de su contundencia histórica. Países Bajos también deja señales de ser un equipo preparado para competir contra cualquiera cuando aumente la exigencia.

Tampoco sorprendería que España termine encontrando su mejor versión a medida que avance la competición. Y Brasil, después de algunas dudas iniciales, ya ha mostrado capacidad de reacción. Hay otras conclusiones interesantes. Los buenos arqueros siguen siendo determinantes. Los sistemas tácticos evolucionan, los entrenadores modifican estructuras y los analistas multiplican los datos disponibles, pero el guardameta capaz de sostener a su equipo continúa siendo una ventaja enorme. Lo mismo ocurre con el delantero centro. Aunque durante años se habló de su desaparición, los goles siguen teniendo nombre y apellido.

Mención especial merece Estados Unidos. Ha mostrado intensidad, velocidad y una identidad cada vez más definida. Quizá no sea un candidato real al título, pero sí representa el crecimiento sostenido de un país que hace tiempo dejó de ser un actor secundario en el escenario futbolístico internacional.

El Mundial sigue funcionando porque conserva lo esencial: emoción, incertidumbre e historias capaces de atrapar a millones de personas. Tal vez la copa vuelva a quedarse en manos de una potencia tradicional. Pero el recorrido vuelve a demostrar que el fútbol siempre encuentra la manera de ganar.

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