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Los estadios

Antonio Casale

09 de febrero de 2026 - 07:17 a. m.
El Estadio Nemesio Camacho El Campín.
Foto: Millonarios, vía X

Si bien sigue pareciendo inaudito que las canchas de fútbol de las principales ciudades colombianas sufran deterioro por la cantidad de conciertos que se realizan, como ocurre hoy con el Estadio El Campín, donde la grama ha quedado prácticamente injugable, lo cierto es que lo que vivimos no es mala suerte sino la consecuencia de decisiones que se pudieron prever hace años.

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En 2025, El Campín albergó 19 conciertos de gran formato y 71 partidos de fútbol profesional. Casi cuatro veces más fútbol que espectáculos musicales. Sin embargo, mientras el fútbol exige un campo impecable, los conciertos generan retornos económicos muy superiores para los operadores del estadio. Fuentes cercanas a esta columna señalan que un concierto puede dejarle a la concesión varios cientos de millones de pesos, mientras un partido apenas supera los diez millones. El incentivo económico termina siendo evidente: priorizar conciertos sobre el deporte que dio origen a estos escenarios.

El contraste se puede ver en el Estadio Monumental de Buenos Aires, propiedad de River Plate. Allí, en 2025, se realizaron 14 conciertos y 23 partidos. La diferencia no está solo en la cantidad de eventos, sino en quién controla el negocio y protege el césped. Como el estadio pertenece al club, River decide cuándo realizar espectáculos, cómo cuidar la cancha y, sobre todo, se queda con los ingresos de los conciertos, que luego se reinvierten en infraestructura y en el equipo. Además, solo juega el club dueño, lo que reduce el desgaste del campo. Resultado: menos eventos, mejor grama y mayores beneficios deportivos y económicos.

En países con economías comparables a la nuestra, como Ecuador, varios clubes entendieron hace tiempo la importancia de contar con estadio propio. Barcelona de Guayaquil es dueño del Monumental Banco Pichincha; Emelec administra el remodelado George Capwell; Liga de Quito juega en el Rodrigo Paz Delgado, también de su propiedad; e Independiente del Valle cuenta con su escenario en Sangolquí. Esa autonomía permite equilibrar mejor el uso comercial del recinto con la necesidad de proteger el campo de juego.

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En Colombia el panorama es distinto. Solo el Deportivo Cali posee estadio propio, mientras los demás clubes dependen de alcaldías y concesiones privadas que, por lógica financiera, privilegian los eventos más rentables. De ahí se derivan canchas deterioradas, partidos aplazados y tensiones constantes entre fútbol y espectáculo.

Los clubes tienen razón en exigir que los estadios multipropósito garanticen superficies en condiciones adecuadas para competir. Pero también es justo reconocer que esta situación pudo evitarse cuando ya era evidente que la industria de los conciertos iba a crecer como lo ha hecho. Muchos equipos debieron apostar por escenarios propios o por modelos de gestión que protegieran su actividad principal.

No siempre se requiere una fortuna para construir o asegurar un estadio. Hace falta, sobre todo, visión y buena gestión, dos virtudes que el fútbol colombiano sigue necesitando con urgencia.

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Foto: El Espectador

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