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River viene a Bogotá con una nómina que parece armada por un hincha jugando con la tarjeta de crédito de otro.
La inversión ha sido monumental. Cerca de USD 67 millones en refuerzos durante este año, tres de ellos campeones del mundo en Catar 2022 con Argentina: Thiago Almada, Ángel Correa y Nicolás Otamendi. En resumen: decenas de millones de dólares, refuerzos por todas partes y ... cero puntos.
River perdió los primeros cuatro partidos de este semestre en la liga. Cuatro jugados, cuatro derrotas. Ni siquiera ha conseguido un empate. La crisis, además, no nació allí. En junio perdió una final insólita contra Belgrano, un equipo infinitamente más modesto en presupuesto, nómina y peso histórico.
Por eso River es una buena excusa para recordar algo que el fútbol sudamericano parece olvidar cada vez que se abre el mercado de pases: gastar dinero no es lo mismo que construir un equipo.
A veces parece que los clubes creen que los problemas se solucionan como en una tienda. Falta gol: se compra un delantero. El equipo no funciona: otro volante. Se pierde un partido: seguramente falta un refuerzo. Y cuando el presupuesto permite hacer casi todo eso, aparece una trampa todavía mayor: creer que más es necesariamente mejor.
River no tiene un problema de talento. Eso sería absurdo. Tiene jugadores que muchos equipos del continente quisieran tener y otros directamente no pueden pagar. El problema, por ahora, es que todo ese talento todavía no parece un equipo. Y esa es la parte más difícil de comprar.
Porque un equipo necesita tiempo. Sin embargo, también necesita una idea. Necesita saber a qué juega y qué jugadores necesita para hacerlo. Si se compra mucho, pero sin una lógica suficientemente clara, el riesgo es terminar con un plantel cada vez más caro y un equipo cada vez más difícil de reconocer.
¿Debe tener paciencia el entorno de River? Sí. Sería absurdo pedir que una cantidad semejante de jugadores nuevos funcione de inmediato. Pero también sería ingenuo creer que todo se arreglará simplemente porque los nombres son importantes. La paciencia sirve para desarrollar una idea. No para esperar que una colección de futbolistas, por costosa que sea, encuentre sola la manera de jugar.
Ahí aparece Santa Fe. Este miércoles, en Bogotá, se enfrentarán por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana. El León recibe a un River que sigue siendo un gigante, aunque llegue golpeado. El partido tiene morbo por donde se le mire.
El Cardenal recibe a uno de los equipos más caros y poderosos del continente, justo cuando ese equipo intenta descubrir por qué todo lo que compró todavía no se parece a lo que quería ser. En el fútbol se pueden comprar grandes jugadores. El equipo, por fortuna, todavía hay que construirlo.
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