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Durante la semana pasada, se han visto acontecimientos que hasta hace muy poco eran casi imposibles de ver. Por un lado, una reunión del expresidente César Gaviria y los hermanos Galán; además, tres cuestionables exalcaldes parecen tener oxígeno político, y un montón de candidatos invisibles, sin ninguna opción, en el Partido Conservador y el Partido Verde han decidido levantar la mano para competir por la opción presidencial. Todo esto no es normal o común en la política colombiana. De hecho, hace cuatro años Vargas Lleras ya estaba repartiendo ministerios, pues se creía presidente. Es decir, candidatos de la nada y opciones políticas nuevas no son el común denominador en Colombia.
La pregunta central es por qué sucede algo así en la actualidad. Las respuestas son dos. Por un lado, el ocaso del uribismo. Es decir, los problemas judiciales del expresidente Álvaro Uribe, así como la nefasta gestión de Iván Duque hacen prever no solo que el próximo presidente seguramente no será uribista, sino además que este movimiento político está agonizando. Por ello, hasta los exalcaldes cuestionados por comportamientos en sus administraciones tienen respiro político en el espectro de derechas del país. Pero eso también tiene su impacto en las fuerzas alternativas que ven una posibilidad real de conquistar la Presidencia.
La otra explicación es la que se da alrededor del mundo, una crisis económica profunda que ha dejado la pandemia y una crisis de las democracias liberales en todo Occidente. Los fenómenos de los chalecos amarillos en Francia, las victorias de Bolsonaro y Trump hace unos años muestran una crisis profunda de la democracia liberal representativa. Parece que ese fenómeno llegó, como siempre, tarde al país, pero llegó. Tal vez, la suma de las crisis económica y de la democracia representativa llegaron al tiempo al país y es posible que pateen el tablero electoral. En todo caso, aún es temprano para decir cuál será el desenlace de la historia.
Lo cierto es que todo esto dependerá de tres cosas. La capacidad de la derecha de jugar a macartizar, es decir, convencer a la gente de que todo lo que no sea uribista es santista y guerrillero, y la capacidad de las fuerzas alternativas de evitar que les pongan esas etiquetas. En segundo lugar, la capacidad de las fuerzas alternativas de llevar la discusión o el debate sobre la gestión del presidente Duque y no caer en el juego de izquierda-derecha. Por último, la capacidad de establecer alianzas sostenibles, viables y fuertes. De esto último sabe más la derecha que las fuerzas alternativas. Esto significa que si los alternativos no son capaces de establecer alianzas y acercamientos entre ellos y con sectores debilitados tradicionales, será imposible ganar la Presidencia.
Aún falta un año para las elecciones legislativas y consultas, y casi año y medio para la primera y segunda vueltas presidenciales. En política una semana es un año, todo puede cambiar, pero todo está hecho para que las fuerzas alternativas ganen, solo un cúmulo de errores pueden causar que eso no pase. Amanecerá y veremos.
